En Turquía aprendí a vivir en el silencio

0
17

   AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

REFLEXIONES…


Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Una de las cosas que más me han ayudado en mi crecimiento espiritual y mi efectiva comunicación con Dios, ha sido el silencio.

Verme estos años en un apartamento encerrado, en ocasiones por el frio, la nieve, donde no se escucha ni siquiera el sonido de un grillo, porque no existen, donde la gente no tiene como costumbre vociferar, ni pitar, donde nunca se escucha la bocina de un vehículo, donde nadie te pone una música en alto volumen, todo esto a pesar de estar rodeado de cientos de apartamentos, con niños y perros, me han obligado a estar inmerso en mis pensamientos y en mi silencio interior por horas y horas todos los días.

Es entonces cuando me veo obligado a escribir y a leer, a escuchar mi voz interior y orar varias veces al día por quienes me piden oración, escuchando sólo el llamado a oración de las mezquitas cinco veces al día, que inundan todo Turquía.

He dejado de escuchar música, pues me creaban mucha nostalgia y como no quiero tristezas en mi corazón, prefiero oírla en los ambientes en los que puedo bailar música turca, por cierto, y así alegrarme, sin embargo, debo confesar que he tenido que resignarme a escuchar en mi interior la voz de la consciencia, entiéndase Dios, en diálogos profundos revisando todos los años vividos, todos los errores cometidos, teniendo que aceptar mis amonestaciones, sintiendo dolor de corazón, arrepentimientos y haciéndome firmes propósitos de no volver a cometer los mismos errores, reivindicándome, purificándome y proponiéndome ser cada día mejor persona.

¡Qué sabio es el Señor!, se las ingenió para rescatarme, para volverme a mi redil, para demostrarme una vez más que, cuando Él elige a alguien para sus planes, no lo suelta, hoy Dios me ha dicho cuánto me ama, me sacó de mi zona de confort, me hizo quemar las naves, renunciar a todo, cerrar puertas del pasado, despojarme de todo, hasta del hombre viejo, hasta quedarme en cero, sin bienes materiales, pero llenándome cada día más de bienes espirituales, siempre dependiendo solo de su voluntad.

Hoy me ha contratado, en la Empresa de Dios, con un horario 24/7, y un salario abierto para que le pida lo que necesite, pues Él siempre me provee.

Víctor Martínez ha tenido que doblegar su orgullo, aprender a ser más humilde, dejarse conducir por el Señor, renunciando a todo lo que me pueda alejar de Él, aumentando cada día más mi fe, no preocupándome tanto por el futuro, y teniendo que aprender a vivir el día a día.

Ha sido un proceso difícil que, a mi edad, me llevó a pensar en ocasiones, que, Dios me ha estado preparando para subir a su Reino, dándome la oportunidad de ser lo que siempre fui y quise ser, un hombre de Dios que pueda proclamar a los cuatro vientos que, gracias a Él, soy el hombre más feliz del mundo.

¿Quién sabe? “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias a mi exalumna muy querida Diana Freites.

Hasta la próxima.

Publicidad Leonardo Castillo