El camino correcto de la historia: La decisión de no claudicar

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor

Por: Becker Márquez Bautista
Recientemente, un amigo me comentó: «Tus artículos molestan a fulano de tal. Él y sus acólitos quieren que dejes de escribir para que, finalmente, te tomen en cuenta para una posición en el gobierno.»
Querido amigo, he querido responderte públicamente, a través de este escrito, para dejar absolutamente claro cuál es el camino que hemos escogido para transitar en la vida.
La vida es, esencialmente, una gran escuela que nos presenta diversas encrucijadas. En cada etapa, somos confrontados con caminos: hay quienes eligen la senda equivocada, marcada por el oportunismo y la conveniencia, mientras que otros optamos por el camino correcto, guiados por principios innegociables. Hoy, podemos decir con firmeza y satisfacción que el camino escogido ha sido el acertado.
Esa senda que hemos elegido está definida por la integridad y la honestidad. Nos hemos conducido bajo la premisa de tener pensamientos propios y, sobre todo, la convicción de nunca claudicar. En un mundo donde es fácil doblegarse ante las presiones, nuestra bandera es la transparencia.
Ser transparente significa no ser un «borrego de nadie». Implica resistir la tentación de seguir a ciegas a líderes o doctrinas solo por beneficio personal. Elegir el camino correcto es un acto de soberanía personal: es vivir con la conciencia tranquila de que las decisiones, aunque difíciles, fueron tomadas con honor y en coherencia con los valores que defendemos. Este es el único legado que verdaderamente trasciende.
La Fragilidad de los Líderes de Pies de Barro
Precisamente, la presión para callar y negociar principios revela la patología de la política actual: la envidia y la deslealtad son el combustible de los llamados «líderes de pies de barro». Estos personajes, cuya autoridad se basa en el clientelismo y no en el mérito, no soportan la luz de la verdad ni la crítica fundamentada. Temen a la voz que no pueden comprar, pues su liderazgo es tan frágil como el barro y se desmorona ante la integridad ajena. Su envidia no es hacia la posición que tienes, sino hacia la libertad que ellos vendieron.
El camino correcto de la historia no es el más fácil ni el más rápido, sino el que se construye con ética. La historia no recuerda a los borregos ni a los oportunistas; recuerda a aquellos que tuvieron el valor de ser íntegros y de pensar por sí mismos.
La verdadera satisfacción no reside en la riqueza acumulada o en el poder temporal, sino en la paz de saber que, en cada bifurcación, se actuó con lealtad a uno mismo y a la verdad. La honestidad es la brújula que, aunque te cueste aliados o comodidades momentáneas, siempre te dejará en el destino correcto: ser dueño de tu propia dignidad.
Hay quienes escogen el camino de la cucaracha, y otros elegimos el camino del halcón peregrino. Unos se arrastran por los suelos de la conveniencia, y otros surcamos los cielos de la dignidad y el respeto.
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