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Las víctimas de Santana gritan por la presencia de sus restos en el Panteón Nacional

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Por Freddy González

A raíz de las declaraciones del magistrado Milton Ray Guevara, ex presidente del Tribunal Constitucional de nuestro país y jurista de la larga data, en el sentido del que el presidente Luís Abinader debe casarse con la gloria ordenado la exclusión de los restos de Pedro Santana del Panteón Nacional, lugar donde reposan los restos de los inmortales, en el país nuevamente se ha iniciado un gran movimiento en pos de ese objetivo.

El Panteón Nacional fue instituido mediante la Ley No. 4463 del 2 de junio de 1956, promulgada en el gobierno de Héctor Bienvenido Trujillo Molina que consagró el antiguo Templo de los Jesuitas en Santo Domingo como mausoleo para los próceres nacionales, durante la dictadura de su hermano Rafael Leónidas Trujillo Molina.

 Fue una iglesia jesuita construida entre 1714 y 1746, ubicado en la calle Las Damas, Zona Colonial.

El 23 de Julio del 1978 faltando apenas tres semanas para finalizar el funesto régimen de los 12 años que encabezó el Dr. Joaquín Balaguer, este ordenó la inhumación y el traslado de los restos de Pedro Santana, al Panteón Nacional en cumplimiento del decreto 1383 del 24 de octubre de 1975, dictado por él mismo.

Llevado a ese sagrado nicho, por el presidente Balaguer, lo que no hizo Trujillo, el tema ha sido de controversias entre los intelectuales dominicanos y gran parte de los ciudadanos del país sobre todo entre los sectores progresistas que han condenado dicha acción y reclamado corregir esa afrenta a los verdaderos patriotas que allí descansan.

Para Balaguer y los seguidores de Santana, este fue soporte principal de la gesta independentista del 1844, sin embargo, en los tres eventos fundamentales de ese año su participación fue muy exigua por no decir nula.

No tuvo presente, ni en la puerta de la Misericordia donde Matías Ramón Mella disparó el Trabucazo, ni en el izamiento de la Primera Bandera Nacional en la Puerta del Conde de Peñalva por Francisco del Rosario Sánchez y el grupo de patriotas que lo acompañaba.

En la primera batalla contra las huestes haitianas librada en Azua el 19 de marzo, el papel principal lo desempeñó el coronel Antonio Duverge junto a Vicente Noble y Nicolás Mañon, los que cargaron con el mayor peso en la primera gran batalla por el afianzamiento de nuestra independencia. Mientras que Santana tenía su cuartel general en la retaguardia junto a Buenaventura Báez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaria.

Quienes se retiraron esa misma noche a Sábana Buey, Baní lo que facilitó según el padre de nuestra historiografía José Gabriel García la reagrupación del ejército haitiano.

La segunda batalla con la cual selló nuestra independencia se realizó el 30 de marzo en Santiago, dirigida por José María Imbert, Eugenio Pelletier y Fernando Valerio, mientras Santana estaba a cientos de kilómetros del escenario de la guerra.

En la batalla de Las Carreras el 21 abril de 1949, cinco años después de proclamada la independencia, por instrucciones del presidente Manuel Jiménez Santana junto a Duverge, Marcos Evangelista y otros en el cruce del río Ocoa derrotaron un nuevo intento del gobierno haitiano de ocupar la parte Este de la isla de Santo Domingo.

De los 14 intentos del gobierno haitiano por recuperar el control total de la isla, solo en dos (19 de marzo 1844 y las carreras el 21 de abril del 1849) estuvo presente Santana, siempre en la retaguardia.

Mientras sus reales méritos militares son pocos, sus atrocidades las superan con creces.

Comenzando cuando el 22 de agosto de 1844, la Junta Central Gubernativa, bajo el control férreo del general Pedro Santana, emitió un decreto declarando «traidores e infieles a la Patria» a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Mella, Juan Alejandro Pina, Gregorio del Valle, Juan Evangelista Jiménez, Juan José Illas, Juan Isidro Pérez, y otros trinitarios, expulsándolos de por vida del territorio dominicano.

En noviembre del 1844 obligó a los legisladores hacer una constitución a su medida, con la inclusión del artículo 210 que lo eximia de cualquier responsabilidad frente a su actuación despótica y tiránica.

Para la conmemoración del primer año de proclamada la independencia el 27 de febrero del 1845 hizo fusilar a María Trinidad Sánchez, tía del prócer Francisco del Rosario Sánchez, junto a su hermano Andrés Sánchez, Nicolás de Barías y José del Carmen Figueroa, ejecutados por orden del gobierno de Pedro Santana tras negarse a delatar a los Trinitarios que habían logrado escapar a las persecuciones desatada en su contra.

El 23 de diciembre de 1847 mandó a fusilar a José Joaquín Puello y su hermano Gabino.

El 11 de abril del 1855 hizo fusilar al centinela de la Frontera Sur, General Antonio Duverge, héroe de las batallas del 19 de marzo, del Memiso, del Número, de las Carreras, la Estrelleta, junto a su hijo Alcides. 

El 20 de mayo de 1861, a dos meses de haber cometido el peor y más abominable crimen de su vida, la Anexión a España firmada el 18 de marzo de ese año, hizo fusilar a José Contreras, Cayetano Germosén y José Inocencio Reyes, quienes se opusieron en la ciudad de Moca a tal medida.

El 4 de julio del 1861, en San Juan de la Maguana, fue fusilado por su orden el padre de la patria Francisco del Rosario Sánchez y 20 de sus compañeros que se levantaron en armas (opusieron a) contra ese crimen a la patria en la que nunca creyó.

Igual suerte corrió Eugenio Perdomo fusilado junto a otros patriotas el 17 de abril del año 1863 producto de la anexión a España hecha por Santana.

Gobernó la República en tres ocasiones en forma despótica y autoritaria (1844-1848, 1853-1856, 1858-1861), terminando su último periodo con el lastre histórico de la Anexión a España.

De las 47 personas cuyos restos de encuentran en el Panteón Nacional, en forma física o un Cenotafio, como es caso del coronel Camaño, 14 de ellos (30%), fueron fusilados o murieron por causa de la traición de Santana al entregar nuestra soberanía a la Corona española a la misma que, en 42 años había exterminado casi el (100%) de nuestros ancestros que de unos 600 mil en que habitaban en 1492, solo quedaban 500 en 1535.

Son los restos de María Trinidad Sánchez y José Joaquín Puello, fusilados por orden de él; Félix María Ruiz, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina y Ángel Perdono expulsados del país por sus órdenes.

Eugenio Perdono, Pedro Ignacio Espalliat, José Vidal Pichardo, José Pierre Thomas, Carlos Lora, Ambrosio de la Cruz y Antonio Batista fusilado por oponerse a la anexión, los de Doña Balbina de Peña, viuda del padre de la patria y mártir del Cercado Francisco del Rosario Sánchez, los que claman la salida de los restos de su verdugo Pedro Santana del lugar sagrado de los inmortales de donde nunca debieron ser llevados.

Presidente, reivindique las memorias de esos héroes y mártires de nuestras luchas libertarias emitiendo un decreto que derogue el 1383 emitido por el Dr. Joaquín Balaguer, y devuelva los restos de Santana a sus prados del El Seybo.

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