Francia pulsa el «botón» nuclear: más reactores mientras España se asoma al apagón
El Gobierno de Sánchez sigue sin moverse del cierre de centrales mientras el país vecino planea 6 nuevos reactores y estudiará otros 8 que se unirán a los 57 actuales
Francia redobla su apuesta por la energía nuclear para reforzar su industria en un contexto global cada vez más inestable y competitivo. El tercer Plan Energético Plurianual (Programmation Pluriannuelle de l’Énergie, PPE3) renovado para el periodo 2026-2035 no solo borra de un plumazo la opción de cierre de 14 reactores que contenía el anterior plan 2019-2024, sino que eleva los objetivos anuales de producción de electricidad nuclear de 380 teravatios hora a 420 TWh entre 2030 y 2035. Mucha más nuclear.
Esto implica que será necesario ampliar la vida útil de los 57 reactores existentes a un rango de entre 50-60 años, así como la planificación este mismo año de seis nuevos reactores EPR2, cuya primera entrada en servicio se espera alrededor de 2038. Además, se plantea la puesta en marcha de ocho nuevos reactores adicionales.
La repotenciación nuclear implica una rebaja de las aspiraciones renovables. Aunque está previsto acabar el periodo con una expansión renovable que eleve la potencia instalada verde a entre 133 y 164 gigavatios, el ritmo es inferior al previsto.
Francia plantea un despliegue de unos 3,5 gigavatios al año, una ralentización del 40% con respecto al pasado 2025, cuando se alcanzaron 6 GW fotovoltaicos de nueva potencia instalada. En conjunto, el nuevo plan fija un objetivo de 48 GW de potencia instalada para el año 2030, y entre 55 y 80 GW en 2035.
Respecto a la eólica marina, se prevé una producción de 15 gigavatios en 2035, tres menos de los proyectados en la trayectoria anterior; mientras que en la terrestre, el nuevo objetivo se queda entre 35 y 40 gigavatios en 2035, frente a los 24 actuales, apostando por la repotenciación de los parques ya existentes.
La apuesta por la electrificación de la economía francesa va en serio y con fuentes fiables y no contaminantes, consideradas verdes por la UE. La electricidad en el consumo total de energía pasaría, según esas previsiones, al 60% para 2030, frente al 30% actual, y alcanzaría el 70% de energía descarbonizada para 2035.
La generación de electricidad descarbonizada aumentaría a entre 650 y 693 TWh en 2035, en comparación con los 458 TWh de 2023, con una caída del consumo de combustibles fósiles a unos 330 TWh en 2035, frente a los 900 TWh de 2023.
España juega en un terreno favorable. En 2025, el 83% de la electricidad consumida se cubrió con generación nacional descarbonizada (renovables, hidráulica y nuclear) y el precio mayorista de la luz llegó a situarse muy por debajo del de vecinos como Italia, con diferencias cercanas al 60% en determinados momentos.
Sin embargo, la electrificación de la economía avanza por debajo de lo que permitiría esa base energética. Persisten cuellos de botella en la red, la regulación envía señales confusas a los inversores y el debate sobre el calendario nuclear introduce una incógnita relevante para quien debe decidir inversiones a diez o quince años vista.
Mientras Francia opta por prorrogar centrales y anunciar nuevos reactores para blindar la estabilidad del suministro, la espada de Damocles del cierre nuclear añade incertidumbre al horizonte industrial.
A ello se suma un factor menos visible pero decisivo: la carga fiscal. En torno al 37% de la factura eléctrica responde a impuestos y cargos, lo que diluye parte de la ventaja que ofrece el mercado mayorista.
La sólida apuesta renovable española podría encallar sin un respaldo suficiente, barato y no contaminante como advierten las eléctricas desde hace tiempo y el apagón del pasado 28 de abril dejó patente.
Fuente: La Razón
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