Un río como perro por su casa
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Cuando el río busca su espacio y se encuentra con que el ser humano lo está ocupando, no pide permiso: simplemente regresa.
Pareciera una escena de película, pero es una triste realidad ver cómo los ríos Yásica y Joba entran como perro por su casa, penetrando a miles de viviendas en Gaspar Hernández, Veragua y otros sectores de la Provincia Espaillat.
Y entonces llegan los lamentos, las pérdidas, el dolor y la eterna pregunta: ¿por qué?
Pero la respuesta no está en el cielo ni en la fuerza del agua. Está en nuestras decisiones. Hemos construido donde el río respiraba, hemos levantado paredes donde antes corría libre, hemos tapado su cauce natural creyendo que el concreto puede más que la naturaleza.
El río no invade. Recupera.
No destruye por maldad. Reclama lo que siempre fue suyo.
Nos acostumbramos a vivir ignorando las advertencias. Cada temporada ciclónica parece sorprendernos, como si no conociéramos la historia. Como si no supiéramos que el agua siempre encuentra salida.
Lo más doloroso es que los más afectados suelen ser los que menos tienen. Familias enteras perdiéndolo todo en cuestión de horas, mientras otros siguen autorizando construcciones en zonas vulnerables, como si la memoria colectiva se evaporara con el sol.
No se trata solo de lluvias intensas. Se trata de planificación, de respeto al ordenamiento territorial, de autoridades que asuman su responsabilidad y de ciudadanos que comprendan que no todo terreno es habitable, aunque esté disponible.
Un río no es enemigo. Es advertencia.
Es naturaleza hablando claro.
Si seguimos ignorando su lenguaje, seguirá entrando como perro por su casa.
Y no será sorpresa. Será consecuencia.
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