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San Juan: De soberanía alimentaria al abismo minero

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor

Por Becker Márquez Bautista

San Juan no está en crisis por accidente; está en crisis por diseño. Para entender el presente de nuestra provincia, debemos mirar atrás, específicamente al año 2019, cuando San Juan todavía rugía como el verdadero «Granero del Sur». Lo que hemos vivido desde entonces no es una evolución, sino un plan sistemático de demolición económica y ambiental.

Hemos querido utilizar las cifras antes de la llegada del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y Luis Abinader al poder, así amigo lector usted podrá comparar la diferencia de San Juan el antes y después de que ellos gobiernan.

En 2019, San Juan no solo producía granos; producía soberanía. Con más del 70% de la producción nacional de habichuelas concentrada en nuestro valle, la provincia era el garante de la mesa de todos los dominicanos. El dinamismo económico se sentía en las calles: el arroz, el maíz y la cebolla generaban empleos dignos y directos. Los logros de aquel año no fueron simples estadísticas; fueron el reflejo de una tierra fértil, protegida por sus aguas y trabajada por hombres y mujeres que creían en el surco.

El declive estadístico (2021-2025)

La realidad actual es sombría. Según registros del Ministerio de Agricultura y análisis económicos, entre 2019 y 2022 se observó una reducción de casi el 10% en la superficie sembrada de siete rubros clave en la región suroeste, tendencia que se ha agudizado hasta este 2026.

Las cifras no mienten:
El Guandul: Se redujo en un 11.2% (perdiendo más de 18,000 tareas).
Frijol (Habichuela): Registró una estrepitosa caída del 36.1% en tareas sembradas.
Maní: Descendió un 19.1%.
Arroz: Sufrió un recorte de casi 15,000 tareas en solo tres años.

Es fundamental entender que la riqueza de nuestro valle no se limita exclusivamente a los granos. San Juan ha sido históricamente una potencia en la producción de ahuyamas, batatas, yucas y berenjenas, productos esenciales que sustentan los mercados nacionales. Asimismo, la producción lechera de la provincia representa el medio de vida de miles de familias. Toda esta diversidad agropecuaria, que garantiza una dieta equilibrada para el pueblo, hoy se ve amenazada por un modelo que prioriza el extractivismo sobre la seguridad alimentaria.

El «Plan San Juan»: ¿Transformación o desmantelamiento?

Desde la llegada de Luis Abinader y el PRM al poder, se creó el denominado «Plan San Juan», cuyo objetivo principal parece ser la conversión forzada de la producción agrícola. Bajo este esquema, se han erogado miles de millones de pesos sin una fiscalización rigurosa y con un uso poco transparente a la hora de rendir cuentas.

En la supuesta «Reconversión Agrícola», el Gobierno ha impulsado la sustitución de cultivos de ciclo corto y consumo masivo por rubros de exportación como tabaco, uvas y pitahaya. Se han afanado en imponer el cultivo de tabaco sobre nuestra cultura alimenticia, lo que dispara una interrogante obligatoria: ¿Qué vínculo histórico tiene la Vicepresidenta de la República con el sector tabaquero para que se priorice este rubro por encima de la seguridad alimentaria nacional? Cambiamos la comida por el humo, desarticulando la cadena que nos daba identidad y fuerza política.

Las tres etapas del plan contra San Juan
El proceso de desmantelamiento ha seguido una ruta clara:

  1. La asfixia agrícola: Se abandonó el incentivo real al productor, permitiendo que las importaciones minaran nuestra rentabilidad.
  2. La distracción del tabaco: La sustitución de cultivos básicos debilitó nuestra soberanía y preparó el terreno social para la siguiente fase.
  3. La estocada final (GoldQuest): Con un sector productivo herido y una población desesperada por la falta de oportunidades —creadas deliberadamente—, aparece el «salvador» de metal: la explotación minera en la zona de Romero.

El engaño de la minería subterránea
Hoy, la empresa GoldQuest intenta vendernos la idea de una minería subterránea «limpia». Es un insulto a la inteligencia del sanjuanero. No hay túnel lo suficientemente profundo que proteja nuestro acuífero del veneno. Si permitimos que toquen la cabecera del río San Juan, no solo perderemos el oro que se llevarán a Canadá; perderemos para siempre la capacidad de volver a ser el granero que fuimos.

Es un secreto a voces que detrás de GoldQuest Mining existen empresarios dominicanos y figuras políticas actuando como accionistas. Ojalá algún día afloren los nombres de quienes están dispuestos a hipotecar nuestra agua por beneficios personales.

El contraste es doloroso: en 2019 celebrábamos cosechas; en 2026 luchamos por el derecho a no ser envenenados. No podemos permitir que este plan culmine. La riqueza de San Juan no está en el subsuelo, está en la superficie: en el agua que baja de la cordillera y en la capacidad de nuestra gente para alimentar a una nación.

¡Agua sí, oro no! Porque un pueblo que cambia su agua por metal, termina muriendo de sed sobre una mina de oro.

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