

Por: Raúl A. Veras
Recordamos nuestra juventud cuando el imperialismo yanqui nos bombardeaba con cuantas películas sobre la Segunda Guerra Mundial, le daba la gana de difundir para controlarnos ideológicamente, vendiendo la grotesca mentira de que ellos habían salvado al mundo del fascismo hitleriano. Hollywood, era la gigantesca maquinaria de propaganda predilecta para montar esa farsa
Muchas películas cautivadoras con héroes de carne y hueso, que nos hacían aplaudir hasta el delirio y también nos ponían a llorar como chiquillos cuando uno cualquiera de nuestros “héroes» caía asesinado por los fascistas alemanes, italianos o japoneses.
Nos viene a la memoria legendarios titanes como James Stuart, Clark Gable, Kirk Douglas, Gregory Peck, Lee Marvin, Crhistopher Lee, Charles Bronson, Anthonny Quinn, David Nive, y otros tantos falsos héroes, utilizados por el Pentágono para hacernos creer sus historietas, de que ellos fueron los salvadores del mundo. ¡Todo era pura mentira! La verdad es muy diferente a la que decían y siguen diciendo todavía en la actualidad. Veamos:
1. Cuando los Estados Unidos entran a la guerra, luego del ataque japonés a Pearl Harvard en diciembre de 1941, ya la Alemania fascista se estaba desangrando y tenía para junio de 1941, es decir 6 meses antes de Normandía, 3.8 millones de soldados atascados en la URSS. Para 1943, durante la batalla de Kursk en los meses de julio y agosto), el ejército soviético destruyó 1,500 tanques en esa sola batalla.
Alemania disponía de 60 divisiones en el frente oriental, combatiendo al glorioso ejército rojo. En el frente occidental, que es por donde se produce el desembarco del Día D, en Normandía, Alemania solo disponía de 10 divisiones. El 85% del ejército nazi murió peleando contra los soviéticos. En otras palabras, Estados Unidos entró a la guerra, cuando ya estaba muy clara la derrota de los aliados de la llamada Potencia del Eje (Alemania, Italia, Japón).
¡Fueron 27 millones de vidas soviéticas las que se perdieron en la Segunda Guerra mundial!
2. Se habla de la cuantiosa y decisiva ayuda prestada por los Estados Unidos a la Unión Soviética, sin la cual hubiese sido derrotado. ¡Otra mentira! Se trató de un gran negocio del emergente capital imperialista y su industria armamentista en pleno desarrollo. No se puede negar que esos acuerdos comerciales significaron un alivio para los soviéticos, pero no fue un sacrificio del noble gobierno norteamericano. Se trató de un gran negocio, que la URSS y la actual Rusia, pagaron con intereses durante décadas, hasta el 2006, cuando pagaron el último dólar adeudado.
3. Los gringos aceptaron abrir el segundo frente europeo, tres años después de que Stalin lo solicitara en 1942. Tanto Roosevelt como Churchill lo negaron en reiteradas ocasiones. ¿Por qué? Porque estaban esperando como aves de rapinas, que los nazis y soviéticos se desgastaran, exterminándose entre ellos, para entonces entrar en guerra y presentarse como los salvadores, matando dos pájaros de un solo tiro: en primer lugar, al primer Estado socialista de la humanidad, y luego a los fascistas alemanes y sus aliados. Abrieron el segundo frente el 6 de junio de 1944, en Normandía, conocido como el Dia D, cuando vieron que el Ejército Rojo seguía de victoria en victoria rumbo a Berlín.
La Capital del Tercer Reich cayó en manos del glorioso ejército rojo el 2 de mayo, con el izamiento de la bandera roja en el Reichstag. El 8 de mayo se rendía incondicionalmente el ejército alemán, ante el alto mando soviético. Hitler se suicidó huyendo del avance soviético. Y los gringos llegaron a Berlín después del triunfo soviético, solo para tomarse fotos e iniciar de inmediato su mentira que todavía perdura 81 años después.
4. La otra gran mentira de los gringos está relacionada con el crimen de lesa humanidad del lanzamiento de las dos bombas atómicas en Hiroshima Nagasaki, los días 6 y 9 de agosto de 1945. Para esa fecha, había concluido tres meses antes la guerra contra Alemania e Italia, y Japón estaba casi derrotado por completo; sin su poderosa flota naval, sin ningún territorio ocupado y sin su letal fuerza aérea. Era cuestión de días o de algunas semanas su rendición incondicional.
Entonces, ¿Por qué lanzar dos bombas atómicas sobre dos ciudades densamente pobladas por civiles y que no ofrecían ningún peligro militar? Fueron lanzadas para amedrentar a la URSS y no para forzar la rendición de Japón. Fue un mensaje claro de los imperialistas para Stalin y la Unión Soviética: “! ¡Cuidado que nosotros tenemos el arma atómica!”
¿Por qué tienen tantos años mintiendo y engañando a los pueblos del mundo, sobre que ellos fueron los salvadores de la humanidad? Porque no quieren aceptar y se niegan a admitir que fue el naciente Estado socialista soviético el que aplastó al fascismo. Porque temen que, si los pueblos conocen a plenitud la verdad, puedan despertar, organizarse y luchar por la liberación del yugo imperialistas. Y finalmente, Porque necesitan venderse como «salvadores del mundo» para justificar sus guerras en Afganistán, Yugoslavia, Irak, Libia, y más recientemente sus cobardes agresiones a Cuba, Venezuela e Irán.
Por más que lo nieguen y pretendan retorcer los hechos, la historia es una sola: Sin Stalingrado no hay Normandía. Sin el Ejército Rojo no hubiera existido una Europa libre. ¡Y sin 27 millones de soviéticos muertos no se habría conseguido la victoria!
El pueblo soviético, con su glorioso ejército venció al fascismo con su fusil, con sus fábricas y con su sangre.
¡Gloria eterna a los vencedores reales!
¡Abajo la mentira imperialista!
Municipio Santo Domingo Este,
11 de mayo, 2026
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