Colombia elecciones, o más de lo mismo

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JOHNNY SANCHEZ
Este 31 de mayo se paraliza Colombia con elecciones, luchando hay 3 contendores y se ve a uno el oficialista fuerte para permanecer en el Palacio Nariño por otros cuatro años. Eso frenaría el giro a la derecha que ha venido experimentando la región en sus últimas elecciones.
Hasta ahora, el candidato de ese sector, Iván Cepeda, encabeza todos los sondeos con un respaldo de entre 37% y 44%, frente a una derecha que llega dividida en dos candidaturas, la más populista de Abelardo de la
Espriella,
hombre ajeno a la política tradicional y que podría atraer a sectores desafectados de los partidos, y Paloma Valencia, abanderada del Centro Democrático, cercana Álvaro Uribe. Entre los dos suman entre un 40% y 44%, muy similar al apoyo del candidato de la izquierda, el que, en todo caso, podría derrotar a ambos en el balotaje, según los sondeos 41 millones de colombianos votaran, esa JCE allá nos puede dar cátedra.
Historia votaciones:
En la década del 90ª mientras las guerrillas no desmovilizadas se fortalecían, también aumentaron sus excesos y abusos contra los colombianos, delitos como el secuestro, la extorsión, homicidios, reclutamientos de menores entre muchos otros, se convirtieron en el pan de cada día. El poder de las guerrillas creció, pero también su rechazo social, eso ayudó a construir un discurso marcado por el miedo, el odio y la renuncia de los colombianos a reclamar los más mínimos derechos.
Desde hace 30 años la lucha contra las guerrillas en Colombia ha estado en el centro de los debates electorales y la extrema derecha encontró en ellas la manera de justificar sus excesos y sus abusos. Temas como la educación, la salud y la inversión social se convirtieron en asuntos menores frente al propósito de acabar con la insurgencia y quien pensara diferente era catalogado de enemigo del Estado, un guerrillero más. Con el paso de los años la sociedad colombiana se hizo más indolente frente a los temas sociales y más tolerante con el actuar abusivo de la extrema derecha.
Las FARC-EP eran necesarias para el discurso del odio. Continuar con la guerra era rentable para los sectores más conservadores del establecimiento. La extrema derecha colombiana necesitó de la guerrilla para justificarse a sí misma. Por eso cuando se llegó a un acuerdo de paz entre el Estado colombiano liderado por el entonces Presidente Juan Manuel Santos Calderón, surgieron muchos contradictores que a la hora de la refrendación mediante un plebiscito celebrado el 2 de octubre de 2016 lograron la victoria del NO. Con una diferencia de 54 mil votos los defensores del NO obtuvieron el 50.21% de la totalidad de los votos y quienes votaron por el SI el 49.78%. Unos meses después el partido Centro Democrático con un discurso contrario al acuerdo de paz también ganó las elecciones presidenciales con su candidato Iván Duque Márquez. Ambas elecciones mostraron un país dividido, el del SÍ y el del NO, el conservador y el progresista.
51 millones de habitantes y riquezas a granel tiene Colombia y 41M votaran
Frente a recursos no renovables, Colombia es el primer exportador de esmeraldas del mundo, el sexto de carbón térmico, el vigésimo cuarto de oro, el doceavo de níquel y es exportador de petróleo, madera y cemento entre otros.
En lo social, el conflicto es una constante en la historia del país. En el siglo XIX hubo nueve guerras civiles del orden nacional y más de veinte choques bélicos de carácter regional, pero el siglo XX no fue mejor. Enfrentamientos partidistas, el surgimiento de las guerrillas, el narcotráfico y el paramilitarismo convertirán el territorio nacional en campo de batalla de fuerzas legales e ilegales que se enfrentarán por la hegemonía, en un país que se destaca por sus agrestes montañas, frondosas selvas y caudalosos ríos. «Vivimos un conflicto armado no declarado que pervive hoy» dijo colombiano en Cartagena, Chucho Arias.
FUTURO:
Petro ha mantenido un apoyo cercano al 45%, votos que ha traspasado a su heredero político, de la mano de una serie de medidas económicas de carácter populista que están afectando los equilibrios macroeconómicos del país y elevando el endeudamiento público. No solo se han incrementado los programas asistencialistas, sino que Petro ha amenazado con una nueva alza del salario mínimo si el Banco Central eleva las tasas, pese a haberlo subido un 23% hace apenas cuatro meses, lo que podría tener fuertes efectos inflacionarios.
Por ello, quien gane las próximas elecciones deberá hacerse cargo de severos desajustes fiscales y de un escenario político fragmentado. Las recientes elecciones legislativas de marzo pasado adelantan un Congreso dividido, sin mayorías claras y donde el izquierdista Pacto Histórico, el derechista Centro Democrático y el Partido Liberal se alzaron como las tres principales fuerzas políticas, con 36 escaños el primero y 25 los segundos, muy lejos de los 92 necesarios para la mayoría, lo que ya adelanta un complejo escenario de gobernabilidad.
Como puede deducirse, muchos de los ricos en Colombia sienten amenazados sus privilegios y muchos que no lo son, también tienen temor, pero en su caso de perder sus empleos por la huida de sus empleadores e inversores. El reto para el nuevo presidente de Colombia es unir al país alrededor de su proyecto de sociedad, buscar que cese la polarización, superar los discursos basados en el miedo y el odio, establecer puentes sólidos entre las élites económicas, políticas y sociales con el pueblo, disminuir la desigualdad y que mejores condiciones de vida lleguen a más colombianos. Petro tiene la obligación de tranquilizar a sus contradictores y no defraudar a sus seguidores. La tarea no será sencilla, pero por el bien de Colombia tiene que ser posible.
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