Más allá del ruido de la inmediatez y la libertad de expresión
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Por Becker Márquez Bautista
Hace ya unos días me pronuncié sobre el nuevo Código Penal —específicamente sobre el polémico artículo 310, entre otros—, defendiendo de manera categórica la libertad de expresión, la difusión del pensamiento y el sagrado derecho a la libertad de reunión en la República Dominicana. Sin embargo, el debate no puede quedarse solo en las leyes; debemos analizar qué está pasando en nuestras calles y en nuestras plataformas digitales.
Recientemente, he estado reflexionando sobre el comportamiento de ciertos sectores que, a través del ruido mediático y el chantaje, intentan sacar ventajas personales. Utilizan a una gran parte de la población como simples instrumentos o «monedas de cambio» para luego sentarse a negociar con el Gobierno lo que a ellos más les conviene a puertas cerradas.
La cruda realidad frente al circo mediático
El pueblo dominicano está atravesando por una situación económica sumamente difícil. Para confirmarlo, no se necesitan grandes estadísticas; solo hay que trasladarse a los barrios más desposeídos de cada provincia. El país tiene problemáticas profundas que impactan directamente el estómago y la tranquilidad de la población.
Es momento de que como ciudadanos despertemos. Tenemos que dejar de entretenernos con el circo digital, no caer en las redes de manipulación de ciertos «influencers» y, sobre todo, dejar de engordarles las carteras a estos holgazanes que se lucran con la miseria y la indignación de nuestra gente.
Lo mejor es poner sobre la mesa las problemáticas esenciales que afectan a nuestra sociedad y enfrentar con determinación la corrupción, el nepotismo y el vulgar robo al erario público a través de las infames «botellas» (y botellones).
El poder absoluto y la factura del 2028
Seamos claros: hoy el Gobierno tiene todo el poder y «un chin más». El Partido Revolucionario Moderno (PRM) cuenta con mayoría absoluta en el Congreso y domina las alcaldías. Si ese exceso de poder los ha enloquecido al punto de querer aplastar al pueblo y arrebatarle sus derechos fundamentales, que lo hagan; pero que recuerden que los efectos de esa droga o dopamina del poder siempre pasan, y luego llegan las consecuencias.
Pero no nos engañemos: si eso ocurre, el gran culpable es y será el propio pueblo por haberles entregado ese cheque en blanco a quienes los han engañado, vendiéndoles un cambio que nunca existió. De la única forma en que los dominicanos podemos corregir este desvío histórico y frenar los abusos de poder, es pasándoles factura en las urnas en el 2028.
Sin embargo, para lograr esto, el liderazgo político tiene un desafío ineludible de cara al 2028: reconectar genuinamente con el ciudadano. Debemos evitar a toda costa que el hartazgo y la decepción se conviertan en desafección política y abstención masiva, pues el silencio en las urnas solo beneficia a quienes hoy nos oprimen y nos malgobiernan. El verdadero reto es presentar una alternativa cimentada en la ética y los principios, devolviéndole a la gente la esperanza de que la buena política es posible.
El chantaje no es libertad de expresión
Quiero dejar algo muy claro para finalizar: la verdadera libertad de expresión es un pilar democrático para defender la verdad, no un negocio. Quienes utilizan la libertad de expresión para vivir del chantaje, la extorsión y la manipulación, tienen un solo camino: abandonar esa práctica perversa. De lo contrario, que no les quepa duda de que las puertas de la justicia estarán esperándoles.
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