La Ilusión del like y la Trampa del Populismo

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Luis H. Silié Carlo
La política dominicana atraviesa una encrucijada compleja. Una abstención electoral que roza el 40% y el descontento acumulado frente a un sistema salpicado por la corrupción son realidades insoslayables. Quienes durante décadas se han formado y han asumido la política como una vocación de Estado le deben respuestas claras al país. Sin embargo, en medio de este vacío de representatividad, surge una trampa tentadora pero peligrosa: la idea de que la estridencia, la popularidad digital y la arrogancia pueden sustituir la capacidad de gestión pública; un craso error de estrategia gubernamental.
En las plataformas digitales ha emergido una narrativa donde la acumulación de likes se confunde con legitimidad y aptitud para gobernar. La agresividad verbal y el tono soez se pretenden vender como muestras de «autenticidad», acompañados por la promesa ilusoria de una «varita mágica» para resolver los problemas estructurales de la nación. Pero el error de diagnóstico es de fondo: el algoritmo no es un censo electoral y el seguidor de redes no es, necesariamente, un ciudadano comprometido.
Gobernar un país exige administrar presupuestos con rigor, sostener la estabilidad macroeconómica y mantener un diálogo fluido y maduro con los sectores productivos. La economía real no responde a impulsos ni a contenido viral; responde a la certeza jurídica y a reglas de juego claras. Pretender dirigir un Estado ignorando la fuerza y la sensibilidad de las grandes estructuras industriales, los grupos económicos de peso y los motores de inversión nacional e internacional no es una muestra de valentía, sino de ceguera política. Un liderazgo impredecible o carente de solvencia técnica no transforma el sistema: introduce una volatilidad destructiva que paraliza el mercado, espanta al capital y lesiona de forma directa los empleos de miles de ciudadanos.
Incluso el cálculo pragmático de convertirse en la «bisagra» de una segunda vuelta revela una profunda contradicción moral. Quien se presenta como el verdugo de la «casta corrupta», pero desde antes de llegar a las urnas ya calcula cotizarse para negociar cuotas de poder, no busca transformar el sistema: busca simplemente cotizarse para sentarse a la mesa a transar dentro de él. Cambian las caras y las siglas, pero el mecanismo de desfalco estatal permanece intacto. El mal no es el gobernante de turno, sino un sistema blindado contra el control interno con el uso deliberado de la mentira, la manipulación de información y la distorsión de la realidad de una corrupción viva y protegida.
La historia demuestra que cuando la estridencia sin formación llega a los pasillos del poder, termina ocurriendo una de dos cosas: o el líder emergente es atrapado por las viejas estructuras de siempre, o provoca una parálisis institucional de consecuencias irreparables, impidiendo un cambio estructural de eso que criticaba. Quien desconoce la filigrana del Estado y la delicada ingeniería que sostiene la economía nacional acaba entregando las verdaderas decisiones a las sombras o desmantelando lo que con tanto esfuerzo se ha construido en el país.
La ciudadanía tiene pleno derecho a estar desencantada, pero la respuesta a los males institucionales jamás querrá un salto al vacío. Dirigir una nación no requiere de discursos destemplados ni de mesianismos de pantalla; requiere preparación, solidez técnica, respeto por el sector productivo y la madurez humana necesaria para garantizar el progreso sin poner en riesgo la estabilidad del país. Dicho sea de paso, va en caída libre.
Cambian las caras y las siglas, pero el mecanismo de desfalco estatal permanece intacto. El mal no es el gobernante de turno, sino un sistema blindado contra el control interno. Sistema que desde el Dr. Balaguer dejo que 300 familias ricas. Y parece mentiras, pero el único presidente que llego rico al poder ha sido Luis Abinader Corona, sin embargo, ha sido absorbido por las elites tradicionales ya explicada de corrupción, entonces es una elite que financia. Es buscar un sistema requiriendo más control externo. Esos lideres que se convierten en burócratas con altos salarios conservando sus puestos siendo parte de los privilegios y dar la espalda al sistema irresponsable de la corrupción del Gobierno con esos ciegos no se puede contar. No sé, pero recuerdo vagamente a “los come solos”. ¿Corrupción, cuál corrupción? La corrupción en el país es una institución establecida. lhsilie@live.com
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