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La IA y la ley del menor esfuerzo

Por Manuel Vólquez

El 8 de septiembre de este año vi una noticia que mostraba a 30 robots protestando en las calles de Varsovia, Polonia. La demostración fue organizada por la entidad Democratism, una iniciativa que busca lanzar el debate sobre cómo la Inteligencia Artificial (IA) y la robotización afectan al mercado de trabajo. Los gestores de la insólita protesta decían que los robots sin control implementados en humanoides, representan un problema grave.

Hay justificadas preocupaciones de que la IA pueda amenazar a la humanidad. Se admite que esa herramienta tiene cosas muy positivas que ayudan con tareas académicas y en las investigaciones, pero también conlleva una ruta negativa que contribuye al atraso del raciocinio humano pues, lamentablemente, todo lo que hacemos gira en torno a la IA. Las alertas de los peligros de esa modalidad virtual han impulsado llamados a la acción para desacelerar el desarrollo de esta tecnología. Llama la atención el hecho de que algunos de los líderes más destacados del sector informático han advertido sobre la amenaza potencial que podría representar.

Los esfuerzos por abordar estos riesgos se complican por la intensa rivalidad entre las dos principales superpotencias mundiales en materia de IA: China y Estados Unidos, que analizan los avances de ese sistema desde la óptica de la seguridad nacional y la ventaja económica o política. En los recientes años, las principales empresas de IA, como Wipro, Keyrus, Accenture, Deloitte, IBM Consulting, QuantumBlack, OpenAI, Anthropic, NVIDIA y Addo AI, han estado compitiendo por desarrollar sistemas cada vez más capaces de construir la superinteligencia basada en una tecnología teórica superior a la de los humanos. ¿Y entonces?

Ahí está el problema. El hombre está afilando cuchilla para su garganta al crear robots con capacidad de suplantarlo realizando diversas tareas reservadas para las personas. Esas máquinas están desplazando a los humanos en labores de oficinas, del hogar, las industrias, el transporte, agroindustria y otros quehaceres. Ejemplo, ya existen taxis sin conductores que recogen a los individuos en las casas u oficinas y los llevan al destino sugerido. Se detienen en los semáforos y detectan, evaden con destrezas posibles roces con los demás vehículos. Yo pienso que, en parte, la humanidad está aplicando la “Ley del menor esfuerzo”, sobre todo cuando los robots hacen quehaceres domésticos reservados a las mujeres. Como van las cosas, muy pronto los veremos operando trenes o aviones. ¿Usted se imagina qué pasaría si el piloto de un avión de pasajero fuera un robot?

Los creadores pretenden con la IA diseñar herramientas capaces de manejar tareas mucho más complejas, como crear pelotones de soldados y máquinas robóticas para pelear en las guerras. Esa idea está en la agenda de los líderes de las principales potencias mundiales como forma de evitar las muertes de miles de soldados humanos. Investigadores coinciden en que existe un 10% de probabilidades de que la inteligencia artificial, en el futuro mediato, mate a todos los humanos y han exhortado a los legisladores de cada país a regular ese sistema.

En efecto, el asunto es complejo. Eso de que los robots asesinarían a los humanos que los han creado lo están advirtiendo los cineastas en algunas Series de televisión en las que presentan esas máquinas en un rol de asesinas, como “Los 4400”, “Humans (Humanos)”, “Westworld (Mundo occidental)”, “Battlestar Galactica”, “Terminator”, “Fundation”, “The Mandalorian”, “Better than Us (Mejores que nosotros)”, etc. Esa es una tenebrosa cronología de predicción de lo que ocurriría en el mundo si no se regula la IA. Naturalmente, más pueden los intereses personales, empresariales, económicos, políticos y gubernamentales, que proteger la vida humana.

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