

Por Sélvido Candelaria
Cuando te lees la obra “Después de Trujillo, un lustro convulso, 1961-1966”, y la devoras letra por letra, como ha sido mi caso, deberías llegar a la conclusión de que el autor, consciente o inconscientemente, quiso emular al más conspicuo de sus antepasados, en las lides historiográficas: Heródoto de Halicarnaso. A él se le tiene como padre de la Historia y, al final de su obra magna Historiae, hizo la siguiente aclaración: “Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla”.
Llego a esta conclusión porque la metodología utilizada para la confección de este libro, así lo insinúa. A diferencia de muchos historiadores que primero tratan de inducir al lector hacia un criterio subjetivo o interesado, el autor, con una conciencia de la objetividad poco común en estos tiempos, curcutea entre los vericuetos de los hechos, sigue las pistas dejadas por sus autores, recopila las informaciones que al respecto se han acumulado y las presenta al lector en una especie de balanza triangular donde cada uno de esos elementos se colocan en platillos al mismo nivel, para que el peso residual de la verdad sea apreciado inobjetablemente. Para muestra, un botón: “El PRD, regresó al país, según proclamaron, para contribuir a instaurar la democracia…” (1)
Esta frase aclaratoria por parte del autor, “según proclamaron”, pudo ser excluida del párrafo sin quitarle un ápice al mensaje contenido en la información que se suministraba, recogida dentro de las declaraciones que hicieron los primeros miembros de ese partido cuando regresaron al país; sin embargo, el historiador, a pesar de que ha sido un simpatizante de esa parcela política desde muy joven, toma la adecuada distancia y deja un espacio de maniobrabilidad crítica para que sea el lector quien determine si en verdad se lograron esos objetivos.
Otro elemento donde sobresale la imparcialidad del cronista es en las entrevistas que hizo a cinco personajes que intervinieron directamente en los hechos que se desarrollaron en ese lustro. Diferente a lo que usualmente se estila, el autor organiza unos diálogos, haciendo preguntas puntuales y nunca interviene para tratar de aclarar o modificar los conceptos que emiten sus entrevistados. Ese acto de neutralidad permite que el leyente sea quien determine, basado en sus propias investigaciones o discernimientos, si quien se ha expresado está acorde con la verdad histórica. También permite que se comparen desapasionadamente las opiniones emitidas por cada uno de ellos y se puedan establecer coincidencias, diferencias o contradicciones sobre temas comunes. El resultado de este procedimiento dejará una apertura total a la independencia de criterio, en quien lea su contenido.
Pero esta obra no solo es sobresaliente por su objetividad. Es, siguiendo el estilo del respetado escritor en que se ha convertido Antoliano Peralta Romero, una obra profundamente didáctica. Leyendo su contenido, logramos penetrar dentro de los asuntos estatales más serios ocurridos en nuestro país durante el lustro que aborda, pero lo hacemos de una forma tan suave, tan lúdica, que asimilamos imperceptiblemente su contenido y significado, sintiendo el regocijo inmediato de entender ahora lo que tantas veces leímos o escuchamos, pero que nunca llegamos a comprender completamente. Tal y como sucedería si nos dieren aquel viejo medicamento de mal sabor y difícil digestión, edulcorado ahora con un jugo de fresa y complementado con algo de Omeprazol.
Con la aureola de seres especiales que se han hecho tejer la mayoría de los historiadores sobre sus cabezas, no creo que muchos de ellos se sientan orgullosos al confesar que uno de sus más atesorados galardones haya sido haber fungido como maestro de escuela. (Escuela pública y en precarias condiciones, agrego yo por conocer de primera mano de dónde viene ese orgullo). Pues, Antoliano así lo expresa donde quiera que tenga la oportunidad y deja constancia de ello en este mismo volumen, en el espacio de la solapa donde se consignan sus datos personales. ¿Por qué hago referencia a esto? Porque la misma composición de este libro es producto de su ferviente amor por la enseñanza en medio de la precariedad. Está estructurado partiendo de la sencillez hacia la complejidad donde la presentación de los temas y su desarrollo nos lleva directamente al método sintético que propugna por entender las partes para entender el todo, una aproximación muy acertada para hacerle entender situaciones sociopolíticas complejas a un universo de lectores que no siempre tienen la capacidad analítica para digerirlas, sea por pasión, por falta de preparación académica o por conveniencias personales. De ello da cátedras desde el primer capítulo, cuando, para meternos en el contexto social que se vivía al ocurrir la muerte de Trujillo, nos va dibujando el panorama a través de 21 reseñas de acciones que precedieron al ajusticiamiento. Acciones que si bien ocurrieron aisladamente, al final, se eslabonaron para construir la cadena con que se pudo atomizar al monstruo. Y ese es el estilo que prevalece en las páginas de esta obra, reforzado no solo con las informaciones personales de primera mano que recoge, sino también, con copias facsimilares de documentos originales para corroborarlas.
Otro elemento para destacar en este compendio histórico, es la meticulosidad de sus páginas referenciales, como debería ser en cualquier libro de consulta. El volumen concluye con 40 páginas de pormenorizada bibliografía y un detallado índice onomástico que es capaz de ubicar al lector, en pocos segundos, sobre la pista de cualquier fuente primaria utilizada o encontrar el lugar exacto donde se menciona alguno de los más de mil personajes que se citan en el escrito.
Si a todo esto añadimos la incorporación inextensa de un revelador documento inédito, escrito por una de las personas que sufrió directamente los feroces embates de esos tormentosos años y los testimonios que exclusivamente dieron para la ocasión cinco destacados actores de hechos preponderantes ocurridos en el aludido período, me atrevo a concluir mis consideraciones con la siguiente predicción: si el autor de este libro lo sometiere al concurso anual de literatura, ganaría el premio en el renglón Historia sin mayor oposición.
(1) Página 94, penúltimo párrafo, línea 7.



