Putin quizás gane la guerra en los despachos, pero en el cielo ha perdido ya 100 aviones
El derribo de dos aviones por parte de Ucrania y la avería de un tercero poco después de despegar provocan que Moscú alcance el centenar de aeronaves destruidas desde que comenzó la invasión
En el transcurso de las dos últimas semanas, Rusia ha sufrido la pérdida de otros tres aviones utilizados con frecuencia en la guerra contra Ucrania, tanto tácticos como estratégicos.
El dato, que ha sido corroborado por los servicios secretos británicos, lleva implícita una noticia aún más relevante: desde que comenzó la ocupación contra el país vecino, en febrero de 2022, Moscú ha perdido 100 aviones de combate.
Al margen de cómo vaya transcurriendo la guerra para el presidente Putin, tanto en el frente de las operaciones terrestres como en las maniobras diplomáticas para ganarse el favor de Estados Unidos, lo cierto es que alcanzar el centenar de aviones caídos supone una dolorosa factura para los planes del Kremlin.
Entre el parte de bajas recogido por la agencia de inteligencia británica, firme aliada de los servicios secretos ucranianos, está lo ocurrido el pasado 29 de septiembre, cuando la flota rusa de aviación de largo alcance perdió uno de sus aviones principales, un Tu-95MS BEAR H, durante un vuelo de entrenamiento poco después del despegue en el este de Rusia.
El BEAR H sufrió varios fallos de motor antes de estrellarse. Estos aparatos se han utilizado ampliamente para atacar Ucrania durante el conflicto, lo que casi con toda seguridad supone una importante carga de mantenimiento para la flota.
Además, el 4 de octubre de 2026 un dron de ataque ucraniano no tripulado y de un solo uso destruyó un caza polivalente Su-35S FLANKER M, un cazabombardero Su-34 FULLBACK y un depósito de municiones en la base aérea de Khanskaya, en Rusia, a 500 kilómetros de Ucrania.
“Los aviones FULLBACK se utilizan a diario en operaciones para lanzar bombas planeadoras sobre Ucrania. El análisis de imágenes comerciales por satélite fechadas el 4 de octubre de 2026 determinó que el ataque había destruido dos aviones de combate, había dejado cráteres en la plataforma de estacionamiento y en la calle de rodaje, había destruido un edificio y había destruido o dañado dos depósitos de municiones”, explican los servicios británicos.
Algunas de estas bajas han sido confirmadas por fuentes militares rusas, pero otras solo por el Servicio de Seguridad de Ucrania y respaldadas por imágenes satelitales cuya interpretación ha sido publicada por medios especializados.
El accidente del Tu-95MS se produjo en la región de Amur, cerca de Krasnoyarovo, en el extremo oriental de Rusia, después de que la aeronave se estrellara poco después del despegue durante un vuelo de entrenamiento desde la base aérea de Ukrainka, al parecer por un fallo técnico.
Según el Ministerio de Defensa ruso, en el siniestro murieron seis personas, aunque medios especializados elevaron la cifra a ocho.
Respecto al Su-35S, un caza polivalente que fue destruido en Khanskaya, fue alcanzado por el Centro de Operaciones Especiales Alfa del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). Su coste estimado es de 100 millones de dólares.
En la misma acción fue destruido también el cazabombardero Su-34, uno de los aparatos que las fuerzas rusas utilizan para lanzar bombas guiadas y bombas planeadoras contra objetivos en Ucrania. Se estima que su coste llega a los 50 millones de dólares. El SBU afirmó que en el mismo ataque doble fue alcanzado un depósito de municiones.
Estas dos bajas se unen a la pérdida de otras muchas joyas del ejército aéreo ruso, como los dos A-50 derribados por Ucrania a principios de 2024 en un intervalo de poco más de un mes, en sendas operaciones que lograron abatir estas aeronaves especialmente valiosas, ya que detectan aviones, misiles y otros objetivos a gran distancia y coordinan operaciones militares.
En la relación de bajas están también varias unidades del cazabombardero Su-34, el bombardero de largo alcance Tu-22M3 o el caza Su-30SM que se perdió en el mar Negro. En la mayoría de los casos son acciones reivindicadas por los servicios secretos ucranianos y no siempre reconocidas por Moscú.
FUENTE: La Razón
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