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La diáspora dominicana: de las remesas a la participación en las grandes decisiones nacionales

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor

Por Alan Jr. Reyes
Montreal, Canadá

Durante décadas, la diáspora dominicana ha sido reconocida principalmente por su contribución económica al país. Las remesas enviadas desde distintas partes del mundo han representado un soporte fundamental para miles de familias y un componente estratégico de la economía nacional. Sin embargo, reducir el valor de nuestros compatriotas en el exterior a su capacidad de enviar dinero constituye una visión limitada de todo lo que representan.

La diáspora dominicana es mucho más que una fuente de recursos económicos. Es talento, conocimiento, experiencia profesional, emprendimiento, capacidad organizativa y, sobre todo, un capital humano que puede contribuir significativamente al desarrollo de la República Dominicana.

Las cifras oficiales permiten dimensionar esta realidad. Según la quinta edición del Registro Sociodemográfico del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), presentada en julio de 2026, un total de 3,030,647 dominicanos y dominicanas residen en 129 países y territorios alrededor del mundo. Esta población experimentó un crecimiento aproximado del 5.4 % respecto al registro anterior.

Estamos hablando de millones de ciudadanos que, aun desarrollando sus vidas fuera del territorio nacional, mantienen vínculos familiares, culturales, económicos y sociales con su país de origen. Una comunidad de esta dimensión no puede ser considerada un actor secundario en la agenda de desarrollo nacional.

El peso económico de una comunidad que nunca se desconecta

La contribución económica de la diáspora también habla por sí sola.

Durante 2025, la República Dominicana recibió US$11,866.3 millones en remesas familiares, equivalentes aproximadamente al 9.2 % del producto interno bruto (PIB). Esta cifra representó un crecimiento interanual del 10.3 % y superó los ingresos generados por el turismo durante ese mismo año, que alcanzaron aproximadamente US$11,321.4 millones.

Más aún, entre enero y septiembre de 2026, las remesas alcanzaron US$9,489.8 millones, registrando un crecimiento interanual del 6.5 %, según las estadísticas del Banco Central de la República Dominicana.

Estos números no son simples indicadores financieros. Detrás de cada transferencia hay una historia de sacrificio, trabajo, responsabilidad familiar y compromiso con quienes permanecen en nuestra tierra.

Sin embargo, existe una reflexión que debemos plantearnos: ¿estamos aprovechando todo el potencial económico, profesional e intelectual de nuestros ciudadanos en el exterior o nuestra relación con ellos continúa concentrándose principalmente en las remesas?

El desafío consiste en evolucionar hacia una política de vinculación que también incentive la inversión productiva, el emprendimiento, la transferencia tecnológica y la cooperación profesional.

La diáspora también es una fuerza democrática

La dimensión política de nuestros compatriotas en el exterior merece una atención especial.

Para las elecciones generales de mayo de 2024, la Junta Central Electoral registró 863,785 dominicanos habilitados para votar fuera del territorio nacional, equivalentes aproximadamente al 10.6 % del padrón electoral general.

Un dato particularmente significativo es que el voto del exterior constituía, por su cantidad de electores, la segunda demarcación electoral más numerosa, solamente superada por la provincia Santo Domingo.

Esto demuestra que la diáspora no solamente tiene importancia económica. También constituye una fuerza ciudadana con capacidad de participación e incidencia en la democracia dominicana.

No obstante, debemos avanzar hacia una concepción de participación política que no se limite a los procesos electorales. La representación debe estar acompañada de espacios permanentes de consulta, propuestas legislativas, cooperación institucional y participación en las decisiones que inciden sobre el presente y el futuro del país.

Quien vive fuera del territorio nacional no pierde su condición de ciudadano ni su derecho a contribuir al destino de su nación.

Canadá: una oportunidad para construir puentes de cooperación

Desde ciudades como Montreal, Toronto y otras comunidades canadienses donde reside una importante población dominicana, podemos observar el potencial de una diáspora que trabaja, emprende, estudia y participa activamente en la sociedad que la recibe.

Canadá representa un espacio de oportunidades para fortalecer los vínculos entre nuestras comunidades y las instituciones dominicanas.

La experiencia internacional en materia de educación, organización comunitaria, emprendimiento, servicios públicos y desarrollo institucional puede convertirse en una fuente de aprendizaje para nuestro país.

No se trata de importar modelos sin considerar nuestra propia realidad. Se trata de identificar buenas prácticas, adaptar experiencias exitosas y construir soluciones desde el conocimiento compartido.

La cooperación internacional debe dejar de ser una expresión protocolar para convertirse en una herramienta concreta de desarrollo.

De las palabras a una política nacional de vinculación

La República Dominicana necesita avanzar hacia una estrategia integral de vinculación con sus ciudadanos en el exterior.

Esta agenda debería contemplar, entre otras iniciativas:

  • Programas de transferencia de conocimientos y experiencias profesionales.
  • Incentivos y mecanismos de acompañamiento para la inversión de dominicanos residentes en el exterior.
  • Plataformas de cooperación entre universidades, instituciones públicas, empresas y organizaciones comunitarias.
  • Fortalecimiento de la representación política y de los mecanismos de participación ciudadana.
  • Programas que faciliten el retorno del talento, el intercambio profesional y la colaboración internacional.

Estas iniciativas permitirían aprovechar capacidades que hoy permanecen dispersas en diferentes países y convertirlas en oportunidades concretas para el desarrollo nacional.

Una nueva visión de país

El futuro de la República Dominicana también debe construirse con la participación de quienes, aun viviendo lejos de su territorio, mantienen intacto su compromiso con la nación.

Necesitamos superar la idea de que el dominicano en el exterior cumple su responsabilidad únicamente cuando envía recursos a sus familiares. Su capacidad de aportar también está en sus ideas, su preparación, sus inversiones, su liderazgo y su disposición de contribuir a las grandes transformaciones nacionales.

La diáspora no debe ser considerada un actor secundario en la agenda de desarrollo. Debe ser reconocida como una extensión activa del talento, la identidad y las capacidades de la República Dominicana.

El verdadero desafío consiste en transformar ese potencial en políticas públicas, oportunidades de cooperación y mecanismos institucionales que permitan una participación más amplia, efectiva y permanente.

Porque una nación que reconoce el aporte de sus ciudadanos en el exterior debe también reconocer su derecho a participar en la construcción de su futuro.

La República Dominicana no puede darse el lujo de desaprovechar el talento de más de tres millones de dominicanos que, desde distintas partes del mundo, siguen teniendo algo valioso que aportar a su tierra.

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