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A propósito de la capitalización de las Empresas del Estado (Una reflexión para el debate)

Por Raúl A. Veras

Es mucho lo que se ha hablado del proceso de capitalización de las empresas del Estado, llevado a cabo por el doctor Leonel Fernández, en su primer mandato de gobierno Constitucional (1996-2000).

Los detractores de ese proceso, lo hacen de manera aviesa con el único interés de perjudicar políticamente al líder de la Fuerza del Pueblo (FP).

Hablan mucho sobre la existencia de los ingenios azucareros a la llegada al gobierno de Leonel Fernández en 1996 y lo acusan de que los vendió como vacas muertas.

A más 25 de años de ese proceso, se hace necesario reflexionar más serenamente sobre el mismo y realizar una valoración objetiva, lo que necesariamente nos debe llevar a situarlo justamente en el tiempo y el espacio en que se desarrolló.

Lo primero que debemos hacer, si queremos ser justos, es conocer, en primer lugar el momento histórico que vivía la humanidad en la década de los 90, así como el proceso real de la descomposición, deterioro y quiebra que se venía operando en las empresas del Estado dominicano, agrupadas principalmente en tres grandes bloques:

Consejo Estatal del Azúcar (CEA), Corporación de Empresas Estatales (CORDE), y Compañía Dominicana de Electricidad (CDE).

Un cuarto bloque, más pequeño, estaba compuesto por la Corporación de Fomento de la Industria Hotelera (CORPOHOTEL), y que comprendía varios hoteles, la mayoría en el interior del país, pero que estaban los más grandes, bajo arrendamiento antes de la entrada en vigencia de ese proceso. Por lo que no fueron tocados.

Es probable que se incurrió en precipitaciones y uno que otro error e injusticia, sobre todo en el trato a los trabajadores de la caña, que todavía siguen reclamando las consecuencias de esos errores, lo que evidencia la crueldad de todos los gobiernos que hemos tenido hasta la fecha.

Lo más aconsejable y prudente hubiese sido seguir un plan experimental, gradual, como una especie de «plan piloto», que fuese mostrando los pros y los contras de ese inevitable proceso.

Pero, la situación del país, así como la presión externa del gran capital, eran muy fuertes, lo que conllevó a la actuación inmediata.

En breves líneas es bueno recordar que vivíamos la época de un mundo unipolar, fruto de la desintegración y desaparición del campo soviético, es decir, la caída sorpresiva de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y la aparición hegemónica y omnipresente de los Estados Unidos de América, como los amos y señores absolutos del mundo, que imponía y mandaba a su antojo en gran parte del mundo, con las honrosas excepciones de China, Corea, Irán, Cuba y unos que otros países que defendían, y defienden, a sangre y fuego el derecho a su autodeterminación; pero que carecían en esos momentos de poder para impedir las decisiones del amo imperial.

Fue la época del llamado Consenso de Washington, y la imposición a escala planetaria del modelo económico que ha sumido a la humanidad en la miseria total: El Neoliberalismo.

¡Ningún gobierno, con las honrosas excepciones que hemos mencionado, podía escaparse de esa realidad!

En ese contexto mundial, de total auge y desarrollo de ese mundo unipolar y neo liberal, es que Leonel Fernández emerge como presidente de la República Dominicana, en 1996.

¿Y cuál era la situación de las empresas del Estado?

Veamos la realidad del CEA:

En 1980, todavía estaban funcionando los 12 ingenios estatales, más 4 ingenios privados. La producción de azúcar crema fue de 651,685 toneladas métricas y 17 años después, es decir para 1997, apenas alcanzaba a 189,594 toneladas métricas, ¡un 71% menor que en 1980!

En otras palabras, del nivel de producción de 1980, disminuyó a un 29% de su capacidad productiva, en 1997.

Para 1999, la situación era mucho peor y apenas se producía 53,912 toneladas métricas.

Ese proceso de deterioro no se comenzó con la llegada al gobierno de Leonel, sino que venía produciéndose desde mucho más de una década atrás.

La crisis de la industria azucarera dominicana venía operándose desde los comienzos de los años 80, cuyo primer gran clarinetazo lo constituyó el cierre de los ingenios Catarey, en Villa Altagracia; y Esperanza, en la ciudad del mismo nombre en la provincia Valverde.

El Gran Buque Insignia de los ingenios estatales, el Central Río Haina, venía operando con grandes déficit y en total deterioro desde finales de los 80, hasta que tuvo que cerrar su producción definitiva en 1999. Y esa era la realidad de la mayoría de esos ingenios.

La otra cara de la moneda, la representaba el enorme déficit económico que constituía el mantenimiento de una enorme empleomanía, que obligaba al Estado dominicano a subsidiar año tras año esos ingenios, con recursos procedentes del Presupuesto general de la nación.

Lo ingenios del Estado dominicano operaban con déficit, sin aportar esos millones de pesos que aportaban décadas atrás.

Creación del FONPER

Se creó el Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas (FONPER), mediante la Ley 124-01, con la finalidad exclusiva de «velar, custodiar y administrarlo acciones del Estado en las empresas surtidas del proceso de reforma y transformación realizado a partir del año 1997».

A través de esa institución, el Estado dominicano ha recibido miles de millones de pesos. Algo que hubiese resultado imposible, si no se hubieran adoptados esas medidas de capitalización, de aquellas empresas que podían ser recuperadas.

Porque otra verdad, es que la gran mayoría de las empresas del Estado ya eran cascarones y ruinas inservibles, que consumían cada año una parte importante del presupuesto general de la nación.

Con el proceso de capitalización, el Estado dominicano pudo al fin tener un respiro, dejó de sangrar al Presupuesto General de la Nación, y comenzó a recibir recursos frescos para dedicarlos a desarrollar otras áreas de la economía.

Gracias a esos ingresos pudo en parte, sacar las instituciones públicas del arrabal en que se encontraban, modernizándolas; incrementó la inversión en salud, educación, viviendas y en obras de infraestructuras; fue en auxilio de los productores agrícolas, de las pequeñas y medianas empresas; facilitó préstamos blandos a los emprendedores; introdujo las computadoras en las instituciones públicas y en las escuelas; aportó como ningún otro gobierno al desarrollo de la UASD; creó parques cibernéticos , como el ITLA; institutos politécnicos para la formación de miles de técnicos-profesionales.

En fin, inició sin lugar a dudas la primera gran ola de transformaciones económicas, institucionales y sociales de la República Dominicana.

Para que se comprenda mejor, o por lo menos, para que, a la hora de abordar ese tema, se haga con mayor rigurosidad, es necesario exponer lo siguiente:

Leonel recibió el gobierno de las manos de Balaguer con una deuda externa de US$3,807.3 millones de dólares. Sin embargo, cuando le tocó entregar el gobierno a Hipólito Mejía, en el 2000, le entregó una deuda externa igual a US$3,676.4 millones de dólares. Una disminución equivalente a 3.3%.

¡Único presidente que ha hecho eso posible, desde el ajusticiamiento de Trujillo

Para concluir esta primera parte de nuestra reflexión, vamos a transcribir lo que dicen las actuales autoridades del actual gobierno, sobre lo que ha significado para el Estado dominicano y el país, ese proceso de capitalización y la creación del FONPER:

“Creación de un nuevo marco regulatorio; nuevas inversiones y capitales; mejorías en la gestión, eficiencia y productividad; más transparencia y rendición de cuentas; aumento de la capacidad de generación eléctrica; empresas de capital mixto: Público y privado; incorporación de tecnología, conocimiento y experiencia; Incremento de los beneficios y resultados económicos y financieros”.

(FONPER: Plan Estratégico Institucional 2023-2026. fonper.gob.do).

Santo Domingo Este,
07 de febrero, 2026.

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