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Aborto, Israel y Gaza: el choque entre Rufián y Orriols por la defensa de la vida


La de Aliança había denunciado la ampliación de las posibilidades de abortar en fases avanzadas del embarazo, mientras el republicano le reprocha su apoyo a Netanyahu

El debate sobre el aborto ha vuelto a cruzarse con el conflicto de Gaza en las redes sociales. El origen de la polémica está en un mensaje publicado este miércoles por la líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, que aprovechó la jornada del eclipse solar para denunciar la nueva legislación aprobada en Massachusetts sobre el aborto.

«Mientras tú miras el eclipse, el mundo aprueba leyes para que se pueda abortar a las 34 semanas de gestación», escribió Orriols. La dirigente concluyó: «Esto ya no es derecho al aborto, es permiso para matar».

La afirmación sobre las 34 semanas, sin embargo, no describe exactamente el contenido de la ley de Massachusetts. La norma elimina el anterior límite general de 24 semanas y deja de establecer una edad gestacional máxima fijada por ley, de modo que las decisiones sobre abortos en fases avanzadas quedan sujetas al criterio médico. Por tanto, 34 semanas no es el nuevo límite legal establecido por Massachusetts.

El mensaje de Orriols tenía, no obstante, una segunda dimensión. Más allá de la discusión jurídica sobre la nueva legislación estadounidense, el movimiento provida plantea una cuestión moral: si el feto es una vida humana, que lo es según la ciencia, la protección de esa vida no debería depender exclusivamente de la semana de gestación.

Rufián establece así una contraposición directa entre la defensa de los no nacidos que reivindica Orriols y su posición respecto a Israel y la guerra de Gaza. El argumento del dirigente republicano es, en esencia, que no considera coherente defender la vida de los niños antes de nacer y, al mismo tiempo, respaldar políticamente a un Gobierno al que responsabiliza de la muerte de decenas de miles de niños palestinos.

Más allá del debate sobre el supuesto genocidio, la respuesta del dirigente de ERC no aparece de la nada. Orriols se ha convertido en una de las voces políticas españolas más abiertamente favorables a Israel. En 2025 llegó a expresar públicamente su «admiración» por Benjamin Netanyahu y defendió la actuación del Gobierno israelí frente a Hamás.

La posición de Aliança Catalana ha sido especialmente clara dentro del panorama político catalán. La formación ha defendido públicamente a Israel y ha presentado el conflicto también como un enfrentamiento entre Israel y el islamismo radical. La postura de Orriols se ha mantenido posteriormente. En 2026, por ejemplo, respaldó públicamente la operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán y celebró la muerte de Ali Jamenei.

Falso dilema

La postura de Rufián, sin embargo, suele recibir también críticas desde posiciones provida y cristianas porque plantea una disyuntiva que no necesariamente existe. No es el caso de Orriols, pero en general los cristianos defienden simultáneamente la protección de la vida humana antes del nacimiento y condenan la muerte de civiles palestinos, los abusos cometidos durante la guerra o las políticas del Gobierno israelí que consideran injustas.

Es decir, estar contra el aborto no obliga a apoyar a Israel, del mismo modo que estar a favor de la causa palestina no obliga a defender el aborto. Son debates diferentes que pueden compartir una misma concepción de la dignidad humana, y precisamente la defensa de la dignidad humana es lo que mueve a los cristianos en política.

Desde esta perspectiva, algunos consideran que la respuesta de Rufián incurre en una suerte de falso dilema: presenta como incompatibles dos posiciones que pueden mantenerse al mismo tiempo. Una persona puede defender al no nacido y, exactamente por la misma concepción de la dignidad humana, rechazar la muerte de niños palestinos. De hecho, el pensamiento cristiano contrario al aborto también rechaza la guerra indiscriminada, los ataques contra civiles, los desplazamientos forzosos y cualquier forma de violencia que atente contra la dignidad de la persona. La defensa de la vida no tendría por qué detenerse en el nacimiento.

Sin embargo, el error subyace de la simplificación que trae consigo la política moderna al intentar etiquetar todo en bloques monolíticos ideológicos. Actualmente, desde estos prismas simples se considera que un cristiano es «de derechas», al mismo tiempo que se considera que la «derecha» es sionista. Por lo tanto, según esa regla de tres, el cristiano está en contra del aborto y a favor del genocidio de Gaza.

Sin embargo, el cristianismo tiene una concepción política propia que es muy anterior al nacimiento de la política moderna y los conceptos de «izquierda» y «derecha», que tienen poco más de 200 años. Así, cuando un cristiano se define como cristiano, si es coherente, tiene una cosmovisión transversal que va mucho más allá de las etiquetas «izquierda» y «derecha».

Fuente: La Razón

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