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Acuerdo de 30 años, poca supervisión y acercamiento a Israel, claves del pacto nuclear entre EEUU y Arabia Saudí


Trump confirma que el acuerdo está condicionado a que la monarquía del Golfo se adhiera a los Acuerdos de Abraham

Estados Unidos y Arabia Saudí sellaron el miércoles un acuerdo nuclear sin precedentes que permitiría al país del Golfo establecer su propio programa atómico con fines civiles. El anuncio, adelantado por The Washington Post y confirmado posteriormente por ambas partes, encendió las alarmas en Oriente Medio. También en el resto del mundo. Por el momento, se desconocen los detalles más técnicos del acuerdo, que deberá pasar antes por el Congreso de EEUU, pero la principal preocupación reside en la posibilidad de que la monarquía saudí tenga capacidad para enriquecer uranio y aumente así el riesgo de proliferación nuclear.

En principio, el acuerdo duraría 30 años e implicaría una asociación «valorada en miles de millones de dólares». Al menos así lo explicó durante una rueda de prensa el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, quien señaló que lo acordado permitiría a empresas privadas estadounidenses del sector nuclear contribuir al desarrollo de un programa de energía con fines civiles (como generar energía eléctrica) en el país. El objetivo, aclaró luego en una nota de prensa, es satisfacer las «necesidades energéticas» de la rica Arabia Saudí. Y lo cierto es que, desde hace años, el país, el mayor exportador de petróleo del mundo, busca reducir su dependencia dentro del plan económico reformador del principe heredero Mohamed bin Salman.

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Se trata también de un negocio redondo para la Administración Trump (y las siguientes), ya que el acuerdo exige que los saudíes utilicen tecnología nuclear de origen estadounidense (además de formación y asistencia) y deja fuera de la ecuación a otras potencias, como Rusia o China. Pero no solo eso. Según ha confirmado el propio presidente estadounidense este jueves en su cuenta de Truth Social, el acuerdo está condicionado a que Arabia Saudí se una a los Acuerdos de Abraham, que contemplan la normalización de las relaciones entre Israel -principal socio de EE UU en Oriente Medio- y los países árabes. De hecho, la monarquía petrolera estuvo a punto de incorporarse hace dos años, pero lo paralizó tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en Gaza.

Lo que ha encendido todas las alarmas, sin embargo, es que el pacto allana el camino para la construcción de una instalación de enriquecimiento de uranio en Arabia Saudí, aunque esto dependería de «un estudio conjunto de dos años» entre EEUU y Arabia Saudí determine que dicha instalación es necesaria, aseguró Wright. El proceso, sin embargo, es controvertido porque, si se produce uranio altamente enriquecido, se puede fabricar un arma nuclear. De hecho, Washington, incluso con Administraciones anteriores como la de Biden, ha sido reacio a permitir que otros países lleven a cabo este proceso.

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En este sentido, diversos grupos de no proliferación nuclear han advertido durante años que un acuerdo así, que de hecho ya empezó a negociarse durante el Gobierno de Obama, podría encaminar a Arabia Saudí hacia el desarrollo de un arma nuclear. Entre otras cosas, porque en más de una ocasión Riad ha dicho que la necesitaría si su rival regional, Irán, llegara a adquirir una. Y precisamente en estos momentos, EEUU está inmerso en una guerra con Irán que, según ha justificado en una de las muchas narrativas cambiantes, está orientada a evitar que Teherán fabrique su bomba nuclear.

No obstante, el Gobierno estadounidense ha querido calmar las aguas. Sostiene que este acuerdo puede seguir adelante porque será Washington el que supervise cualquier uranio enriquecido y combustible gastado de los reactores, asegurando que no puedan reutilizarse para fabricar una bomba. «Estados Unidos no va a llegar a ningún acuerdo con ningún país del mundo que suponga el riesgo de proliferación», dijo el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, durante una cumbre en Asia.

Pero son muchos los expertos que han expresado su preocupación porque el borrador presentado, publicado porrl Gobierno estadounidense, carece de la supervisión y las barreras de seguridad de acuerdos nucleares anteriores. Arabia Saudí forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear desde 1988, pero no es firmante de un acuerdo de salvaguardias completo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), como el que exige el artículo III para un programa nuclear plenamente desarrollado. Eso significa que, aunque el reino se compromete en teoría a no desarrollar armas nucleares, no estaría sometido al nivel más estricto de supervisión internacional que sí se aplica en otros casos.

En ese contexto, el conocido como Protocolo Adicional cobra especial importancia. Se trata de un mecanismo que amplía el acceso y las capacidades de inspección del OIEA para verificar que el material nuclear se usa solo con fines pacíficos. Fue uno de los requisitos del acuerdo nuclear con Irán firmado durante la era Obama, y también forma parte de lo que se conoce como el “patrón de oro”, como el que aceptaron los Emiratos Árabes Unidos en 2009 al renunciar al enriquecimiento y al reprocesamiento de combustible gastado. En cambio, el acuerdo con Arabia Saudí, en principio, no incluiría esas garantías extras.

Fuente: La Razón

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