Biología del poder y conducta humana
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Por Becker Márquez Bautista
Amigo lector, desde nuestra perspectiva vamos a analizar y adentrarnos a profundidad en la «Biología del Poder»; así comprenderemos mejor el comportamiento y la conducta de los políticos, líderes y funcionarios públicos.
El poder suele analizarse desde la sociología o la historia, pero su origen real reside en el cerebro humano. La política, en su estado más puro, es una batalla constante entre nuestros instintos primitivos y nuestras capacidades cognitivas más elevadas. El ejercicio del mando no solo cambia el destino de un país; pone a prueba la estructura biológica de quien lo ostenta.
La Corteza Prefrontal: El Asiento del Estadista
La neurociencia identifica la corteza prefrontal como el «centro de la personalidad». Es la región encargada del razonamiento lógico, el control de los impulsos y la planificación a largo plazo.
En términos políticos, esta área es la que permite que un líder actúe con visión de futuro y no por arrebatos de ego o ambición ciega. Diseñar políticas públicas eficientes es, en esencia, un ejercicio de alta capacidad cerebral para organizar el mañana.
El Riesgo: Cuando el Instinto Secuestra la Razón
El peligro surge cuando el poder es secuestrado por la impulsividad. Sin formación, valores o equilibrio emocional, la conducta del líder deja de ser guiada por la razón y pasa a ser dominada por reacciones primarias: autoritarismo, clientelismo e incapacidad de escuchar. Un político sin control de sus impulsos es como una «carreta vacía y sin engrasar»: hace mucho ruido, pero carece de dirección y estabilidad.
El Síndrome de la Altivez y la «Esquizofrenia» del Poder
Es común observar la metamorfosis de quienes, al ser designados en un cargo, se vuelven inaccesibles y rompen vínculos con su realidad previa. Este fenómeno es una forma de esquizofrenia social oculta. El individuo sufre una fractura con su pasado y construye una dimensión paralela donde confunde su identidad con el cargo que ostenta.
Esta patología del ego nubla la corteza prefrontal, anulando la gratitud y la memoria. El funcionario cree que su posición lo hace superior, olvidando que el poder es un préstamo temporal. Cuando el decreto llega a su fin, el choque con la realidad es devastador: descubren, demasiado tarde, que destruyeron sus vínculos reales por una fantasía de cristal.
Hacia un Liderazgo Prefrontal para 2028
Para el 2028, nuestra nación no requiere de figuras efímeras o mesiánicas. Lo que se requiere es un liderazgo verdadero y no de «pies de barro»; líderes que tengan la capacidad técnica y, sobre todo, una corteza prefrontal bien amueblada para:
- Planificar con Datos: Sustituir la improvisación por diagnósticos reales.
- Empatía Social: Conectar con el dolor ajeno para resolverlo, no para manipularlo.
- Resistencia Moral: Fortalecer el carácter para decir «no» a la corrupción.
Conclusión
«En la biología del poder, la prepotencia es el mecanismo de defensa del ignorante; una conducta humana que intenta disfrazar con arrogancia lo que la razón no puede sostener.»
El poder es una herramienta que amplifica lo que ya somos. Si un hombre no gobierna su propia biología, difícilmente podrá gobernar una nación. El mayor campo de batalla del líder no está en las urnas, sino en su propia mente, donde la razón debe prevalecer sobre el instinto para servir con dignidad.
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