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¿Consenso o secuestro?

Por Alberto Quezada

El poder corrompe. Pero el poder sin memoria mata. Hace unas horas el Partido Revolucionario Moderno (PRM) eligió sus nuevas autoridades.

El partido que llegó prometiendo enterrar el dedazo y la democracia de aclamación, acaba de hacer exactamente eso: un reparto en frío entre Abinader, Hipólito y David. Sin primarias, sin bases, sin debate.

Los premiados fueron: Señor Luis Abinader, presidente; Deligne Asención, primer vicepresidente; Juan Garrigo Mejía, secretario General; y Gloria Reyes, secretaria de Organización.

Las demás opciones presidenciales fueron relegadas. Abajo solo quedó aplaudir. No fue una elección. Fue una repartición de finca. Y el mensaje es brutal: el partido es de los de arriba.

Esa decisión compra paz hoy, pero hipoteca el futuro. Mata primero la militancia. Un partido donde la base no elige, es un partido donde la base no defiende. Quedan operadores, no creyentes. Para ganar en bonanza basta.

Para resistir crisis se necesitan soldados. En 2028, cuando Abinader no esté en la boleta, esa base muda será moneda de cambio para el mejor postor. Secuestra después la sucesión.

Al cerrar el paso a las otras aspiraciones, el PRM decidió que no habrá fogueo, no habrá competencia, no habrá legitimidad interna. Solo herederos designados en salón.

Los partidos que cierran su baraja presidencial cuatro años antes, llegan al día de la elección sin cartas nuevas. Y sin cartas nuevas se pierde. Y quema por último el discurso.

El PRM construyó un discurso de 20 años denunciando el comité político del PLD y los acuerdos de cúpula del PRD. Ayer se pareció a ambos. En política eso no se olvida. Cada vez que critique al adversario por antidemocrático, le van a tirar este video en la cara. Pierde autoridad moral.

Y un partido de centro sin autoridad moral pierde el voto independiente que lo puso en el Palacio en 2020.El reparto da gobernabilidad interna. Es eficiente. Es cómodo. Pero también es el principio del fin de los proyectos que nacen prometiendo lo contrario.

El PRM eligió ser partido de gobierno antes que partido de principios. Eligió administración sobre institucionalidad. Es una decisión política legítima. También es suicida a largo plazo.

Porque en democracia los partidos no mueren por escándalos. Mueren cuando se parecen tanto a sus adversarios que el electorado ya no ve por qué cambiar. Hoy el PRM se ahorró una convención. Mañana puede estarse ahorrando su futuro.

La historia dominicana es terca: al que traiciona su origen, el origen le pasa factura.

El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo. quezada.alberto 218@gmail..com

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