

Por Emilia Santos Frias
La mañana del 15 de abril comenzaba a nacer, luego de una madrugada de intensas lluvias que se repetían desde el día anterior en casi todo el territorio nacional, causantes de una saturación del terreno nunca antes vista. Al salir a diligencias médicas, presencié labores de rescate y protección realizadas por el Ejército de República Dominicana, sus hombres y mujeres. De estas últimas, la imagen perdura en mi mente.
A esos hombres y mujeres que vi en la Autopista Duarte, cuando apenas comenzaba el día a asomarse; empadados, pero firmes, al realizar labores de socorro para evitar pérdidas humanas. A ellos y ellas, que más allá de la orden operacional o misión táctica, actuaron apegados a valores universales, ¡vaya mi respeto y saludo desde el agradecimiento!
El reconocimiento es extensivo a todo el Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Respuesta (SN-PMR), que en alianza con todos sus integrantes: el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Defensa Civil (DC), Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Comisión Nacional de Emergencias (CNE); ministerios de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Salud Pública, Obras Públicas y Comunicaciones.
De igual forma, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Cruz Roja Dominicana, Policía Nacional y todas las Fuerzas Armadas, esenciales en el fortalecimiento de la seguridad, mediante respuesta, mitigación, monitoreo, limpieza, emergencia sanitaria, gestión de albergue, rescate y asistencia a personas necesitadas, evaluación de zonas de riesgo y difusión de medidas preventivas.
Con cada acción protegen vidas y reducen daños. Gracias a un personal preparado que incluso trabajan extensas jornadas, no siempre con las condiciones favorables. Por ejemplo, ante el caso descrito precedentemente: inundaciones, pese a la inclemencia medioambiental, honraron sus compromisos con la sociedad. Quizás, no es fácil entender sus sacrificios, pero cuando se presencian escenarios como el señalado, aumenta nuestro respeto.
Sin lugar a dudas, abril se despidió tras intensas lluvias, desbordamiento de nuestros ríos en todo el territorio nacional e inundaciones que arrastró a su paso, decenas de vidas útiles e incontables pérdidas materiales. Pero nuestro Estado accionó sus instituciones para salvaguardar la seguridad. Para ello, actúo con prontitud en la mitigación de daños: heridos, desplazados, viviendas, colapsos en vías de comunicación: calles, puentes peatonales, caminos vecinales…, que afectaron más, como siempre ocurre, al segmento poblacional más vulnerable.
Un escenario que se repite en otros Estados de región de América Latina y el Caribe, igualmente, en otras partes del mundo, donde la crisis humanitaria amenaza la seguridad, salud, el bienestar de la población, debido a desastres naturales, en nuestro caso, inundaciones, remanentes de la pandemia post Covid-19 las catástrofes económicas actuales, fruto de los conflictos armados que se están librando actualmente en algunos continentes y regiones como Europa, Asia, África y Oriente Medio.
“Una preocupación fundamental por los demás, tanto en nuestra vida individual como en la comunitaria contribuiría enormemente a hacer del mundo el lugar mejor con el que tanto soñamos”, solía decir el filántropo, siempre recordado, Nelson Mandela.
Por eso, concluyo que nuestras instituciones, como parte de un país bendecido, agradecido de Dios y resiliente, se mantienen fortaleciendo la respuesta de emergencia, la garantía de protección a los grupos vulnerables de la nación, mantenimiento de la calidad de los proveer servicios básicos, entre otras medidas necesarias para mitigar la crisis humanitaria, conforme objetivos, metas, presupuestos y alianzas internacionales.
Estas respuestas humanitarias, que también saludamos, como se aprecia visiblemente, están centradas en el respeto a derechos humanos, fundamentales, optimización de recursos humanos y tecnológicos, útiles en la mitigación del daño producido por la crisis humanitaria, responsabilidad de todos: Estados, gobiernos nacionales y locales, comunidad internacional, sociedad civil, asociaciones sin fines de lucro, comunidades locales…
Sin embargo, la crisis humanitaria se profundiza cada día, lo que indica una falta de compromiso supranacional, pero no una excusa para cesar su mitigación. Por el contrario, actuar con presteza ante situaciones que ponen en peligro la vida y dignidad humana, es acuciante.
Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.
santosemili@gmail.com
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