

Por Francisco Luciano
Cuenta la historia que varios hijos de un mismo matrimonio, siendo hermanos, terminaron enemistados entre sí. No porque sus diferencias fueran irreconciliables, sino porque, en lugar de conversar directamente sus problemas y situaciones, permitieron que la inquina se metiera en sus asuntos familiares.
La inquina siempre está al acecho, especialmente de las almas nobles. Se aprovecha de esa nobleza para actuar como mensajera interesada: lleva y trae, pero siempre exagera lo que transmite, distorsiona lo que escucha y agranda lo que cuenta, hasta lograr indisponer a unos contra otros. De esa división vive y se alimenta.
Es una maestra en dividir y, de la división, sacar ventaja. Tontos quienes, unidos por la misma sangre, por objetivos comunes o por cualquier lazo valioso, la aceptan como intermediaria y le permiten poner tierra de por medio entre quienes sí pueden, deben y tienen la capacidad de entenderse directamente, llegar a acuerdos y navegar juntos hacia buen puerto, lejos de su veneno.
Así ocurrió en el paraíso bíblico: la serpiente instigó a Eva, Eva probó la manzana e hizo que Adán también la probara, y el resultado fue que ambos fueron expulsados. De forma parecida, en la mitología griega, la diosa de la discordia (Eris) usó a Paris y su manzana dorada para enfrentar a Hera, Atenea y Afrodita; de esa pequeña semilla de envidia y manipulación nació la devastadora Guerra de Troya. En ambos casos, un tercero malintencionado logró destruir la armonía valiéndose de la desconfianza y la falta de diálogo directo.
Las personas solemos hablar mucho y escuchar poco, a pesar de que tenemos dos oídos y una sola boca. Esa proporción no es casual: deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos. Solo así evitaremos que la inquina encuentre terreno fértil entre nosotros.
Hablemos directamente. Escuchemos de verdad. No dejemos que nadie —por muy bienintencionado que parezca— se interponga y siembre cizaña entre quienes compartimos sangre, proyectos o cariño. La unidad no se defiende con intermediarios: se construye cara a cara, con honestidad y paciencia.
El autor es docente universitario y dirigente político.
Compartir:



