El día en que un michero me enseñó a comer peje


Por Abril Troncoso
Era sábado. Esperábamos con expectación al Premio de Literatura Infantil y Juvenil, invitado por varios colectivos culturales micheros, para quien habíamos organizado un agasajo sencillo, financiado con el fondo reunido por la venta de bolas de chocolate orgánico. Las vendíamos para promocionar un proyecto cultural que fundamos en Miches junto a un grupo de intelectuales locales comprometidos con el territorio.
—Suelta esos tenedores —dijo.
Acto seguido, se arremangó la fina camisa y devoró, sin ceremonia, hasta las espinas del exquisito dorado que abundaba en la mesa. Alrededor, hacedores del culto a las bellas artes observaban la escena bajo un sol nítido, con playas que saludan regias a la entrada de Miches, República Dominicana.
Mi vida cambió ese día: por fin aprendí a degustar la gastronomía del mar michero.
La sorpresa fue doble. Aquel miembro del “jet set” de la literatura dominicana resultó ser cercano, conversador —como todo buen cuentista— y, sobre todo, michero: tranquilo, de humor fino, con más de treinta obras publicadas a cuestas. Un referente nacional de la lengua escrita y hablada, sin artificios.
Ese día pasé, como se dice en latín, ex fabula, civis: del personaje al ciudadano. En un país donde menos del 20 % de los hábitos lectores se consolidan en la niñez, la literatura infantil no es menor: es infraestructura cultural. Su premio reconoce impacto estructural, no ornamento. En él se conjugan rarezas poco comunes. Tal vez su abolengo explique esa excepcionalidad del conjunto de su obra, su aporte sostenido a la literatura infantil y juvenil dominicana, la calidad literaria, la vocación formativa y la continuidad.
Entre sus novelas para adultos se cuentan: Residuos de sombra (1997), novela psicológica considerada una de las mejores de la narrativa dominicana contemporánea; Los tres entierros de Dino Bidal (2000), con siete ediciones, inspirada íntegramente en su pueblo natal, Miches; Memorias de Enárboles Cuentes (2004), novela homenaje al escritor Víctor Villegas; Pedro el Cruel (2013), novela de corte mítico con reminiscencias de la infancia “michera” del autor; Ella y tú (2015), novela breve de temática erótica, en la que demostró dominio técnico al abordar un tema espinoso con fineza literaria; Conciencia peregrina (2022), colección de cuentos psicológicos donde explora trastornos mentales y conciencia metafísica, en sintonía con la estética del movimiento interiorista.
En el cuento, Rafael Peralta Romero empezó temprano. Punto por punto (1983) nace directamente de Miches: de su mitología, de la oralidad, de lo que se oía y se contaba. Luego vino Diablo azul (1992), donde ese mismo mundo se mezcla con lo urbano, entre Miches y Santo Domingo, sin perder raíz. Más adelante, Cuentos de visiones y delirios (2001) se adentra en zonas más oníricas, más inquietas. Ya en años recientes, libros como Cien cuentos enanos (2023) y Cuentos libres (2025) confirman algo simple: sigue escribiendo con pulso, sin repetirse, sin agotarse.
A muchos críticos les interesa su narrativa breve porque no es complaciente. Va a los conflictos interiores, a la ambigüedad moral, a la memoria colectiva, pero con una prosa limpia, sin alardes. Diablo azul o Residuos de sombra lo dicen claro: aquí no hay fuegos artificiales, hay símbolo, hay tensión interna. José Rafael Lantigua lo resumió bien cuando lo llamó un “narrador exquisito”, con una marca propia que no necesita gritar.
Donde su obra se vuelve todavía más decisiva es en la literatura infantil y juvenil. Ahí no está de paso: está comprometido. Ha escrito cuentos, novelas y poesía para niños, siempre cruzando imaginación con tradición, juego con identidad. Libros como El conejo en el espejo y otros cuentos para niños (2006), Cuentos de niños y animales (2007) o La paloma dálmata y otros cuentos infantiles (2015) muestran esa capacidad de hablarle a la niñez sin subestimarla. También están textos más recientes como De los sucesos gustosos que vivió don Quijote en Santo Domingo (2021).
Algunas de esas obras fueron premiadas. De cómo Uto Pía encontró a Tarzán (2009), ambientada en Los Uveros —ese Miches narrado con otro nombre—, recibió el Premio El Barco de Vapor. A la orilla de la mar (2011), diez cuentos atravesados por el mar, los peces, los cangrejos y la vida costera, ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Aurora Tavárez Belliard. Ese libro es, quizás, una de las formas más claras de su vínculo afectivo con su pueblo.
Peralta Romero ha dicho algo clave y lo sostiene con su obra: la literatura infantil no es solo para entretener. Sirve para sanar, para imaginar, para aliviar tensiones. Por eso no sorprende que desde 2021 presida el jurado del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil, empujando a otros a escribir para niños con seriedad y respeto.
Conviene insistir: en la República Dominicana, menos del 35 % de los niños consolida hábitos lectores antes de los 12 años. La literatura infantil no entretiene solamente: estructura cognición, lenguaje y ciudadanía. Ese es el peso real de este premio.
Estos datos, junto a su personalidad y a los hilos familiares que moldearon su carácter, fueron decisivos para la creación del Grupo Juvenil de Literatura Rafael Peralta Romero de Miches, del que han surgido jóvenes con proyección pública, talentos que han encontrado visibilidad y oportunidades gracias a gestiones culturales conjuntas. Son relevo vivo de un Miches que nos convoca a una alianza restauradora para defender, de ojos insensibles, los tesoros de esta tierra de ciguayos.
No extraña que un alma de tal estirpe cuente también con reconocimiento académico. Sus múltiples artículos de prensa, publicados con regularidad —por el maestro Fanfo, como le decimos en Miches—, dan cuenta de ello. Pero lo diré a modo de cierre, con justicia:
Esta trayectoria no solo realza la disciplina de un hombre ejemplar para el país. Representa, sobre todo, un modelo referencial para la juventud dominicana. De ahí el reconocimiento que no es premio, sino rango por mérito: Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, por su contribución al estudio y difusión de la lengua española en la República Dominicana.
Menos del 10 % de los escritores activos accede a esta condición. Es capital simbólico institucional, no honor decorativo. Nombrar una trayectoria así y darse el lujo de conocer a un alma noble, imparcial y justa es un acto de gratitud cultural. Rafael Peralta Romero, farol de la cultura dominicana, referente y honra viva de nuestro Grupo Juvenil de Literatura Rafael Peralta Romero, a quien reconocemos —desde Miches— como Premio Nacional de Literatura y gloria viva de la cultura michense.
Porque, si no es ahora, ¿cuándo?
Y si no es él, ¿quién?
*La autora escritora y gestora cultural
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