El periodista timorato y sus escalofríos
(Primera parte)
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Oscar López Reyes
El periodista articula palabras entre susurros, casi en el silencio que se desliza por el viento que abraza a los árboles. Parrafea con escalofríos en las fibras sensitivas de los temores, acicalado por el talante retórico ultraconservador y en los cauces convencionales del ecosistema mediático.
Sumiso, comedido y espantado en los sobresaltos de la velocidad informativa, el reportero no denuncia, no expresa su punto de vista ni critica, en el pecado de la omisión, para que no le cojan mala voluntad ni granjearse enemigos. Se distancia del conflicto, evocando el romanticismo con vocablos antiguos, poemas de amor platónico, versos octosílabos y prosas que glosan altruismo.
En los resortes del dinámico diarismo, este redactor no abruma, como un sentimiento natural, las zonas cerebrales que regulan las emociones. Esconde su temperamento temeroso, así desconfiado como se torna, irresoluto, aprehensivo y sosegado.
No asiste a eventos internacionales, porque entra en pánico viajar en aviones. Ha procreado un solo hijo, para no gastar recursos ni energía en la manutención de sujetos humanos; escucha los consejos y orientaciones de adultos mayores, y acepta sin circunloquios ni evasivas las imposiciones de su pareja.
En su advertencia precautoria, colmada de moralejas, construyó su panteón en el camposanto, donde aspira a ser sepultado cuando lleguen a su fin, irreversiblemente, sus funciones orgánicas vitales. Todos los meses acude a una oficina luctuosa a pagar su seguro funerario, dándole vistazos a los ataúdes enganchados en paredes.
Corresponsal primero y cronista después, no se mete en enredo ni se coloca en apuros para no crearse angustia y, peor, para que no lo empujen desde una escalera, o cuelguen de un árbol.
Para ejercer su profesión sin fisuras, cumple con franqueza, jurídica y gramaticalmente, los preceptos del decálogo:
1.- Signo de inteligencia. En la universidad se graduó con honores y permanentemente participa en cursos y diplomados, y lee muchos libros, la mayoría prestados, para elevar el estándar de su calidad profesional.
2.- Terreno pantanoso. Cuando las informaciones son controversiales y encierran denuncias peligrosas, solicita que no les coloquen su firma o nombre. Un día se mareó cuando presenció a un ahorcado colgando de una soga, y una tardecita desde su estómago arrojó desperdicios cuando observó un cadáver putrefacto, crucificado de tiros, en un bosquecito de la ciudad.
3.- Teclear con todos. En el Estado ejecuta sus tareas laborales con eficiente responsabilidad laboral y a cabalidad los horarios de trabajo. No asume compromisos con partido alguno, por lo cual aparece en las nóminas de gobiernos de derecha, centro-izquierda o ultraizquierda, con los que concilia. Se tinta como un empleado de carrera.
4.- A escondidas. Le gusta que las noticias que escribe sean publicadas anónimas. Protege, a capa y espada, la confidencialidad institucional y el secreto profesional.
5.- Sin sangrar los ojos. Su lema: no ofender a nadie ni buscarse problemas, por lo que rehúye del runruneo y el cuchicheo, con los agujeros visuales cerrados.
6.- No prender fuego. La ocasionalidad con que escribe artículos de opinión, los lee numerosas veces y se los da a su pareja y amigos de confianza para que sean revisados, a fin de que eliminen palabras y párrafos que puedan causar molestias o ser mal interpretados.
7.- Caminando solo. No se inscribe en ningún gremio profesional, y cuando piensa hacerlo sería bajo la condición de no aceptar cargos directivos, no asistir a las asambleas y bajo circunstancias especiales acudir a los procesos electivos. Ni su pareja sabría por quién votó.
8.- No follar. No le interesa impartir docencia, porque pagan poco y para no formar nuevos profesionales que los desplacen de su trabajo.
9.- Para no llorar. A los jefes les pide que no les manden a cubrir servicios complicados y escenarios con alta probabilidad de que ocurran incidentes o acaecimientos mortales, como protestas callejeras, mítines, procesos electorales, incendios, ciclones o conflagraciones bélicas.
10.- Medalla de oro. Tiene predilección por trabajar en la comunicación corporativa o empresarial, en oficinas del Estado, en el entretenimiento, el espectáculo, la cultura, el arte, la gastronomía, así como en los programas radiales y televisivos de entrevistas y educativos.
La timoratez modula en el andamio del razonamiento y como filosofía de vida, sin navegar contracorriente. Se empina cuan comportamiento reduccionista, en una neutralidad sin asumir riesgo, sin cruzar el semáforo en rojo y ni taparse los ojos para que los disparos suenen lejos y no escucharlos.
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El autor: periodista-mercadólogo, catedrático y ex presidente
Colegio de Periodistas y Asoc. de Escuelas de Comunicación Social.
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