No está en debate
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Eduardo Cornejo De Acosta
Podemos debatir en estos momentos si vamos hacia un mundo multicéntrico; que no será multicéntrico sino tripolar, o si será de los tres grandes reinos, como prefieren llamarlo algunos.
Se puede discutir si vivimos una época del tecnofeudalismo, o si la inteligencia artificial tomará el control del planeta. Si lo que está ocurriendo en el Medio Oriente es el detonante que sepulta la unipolaridad.
Todo eso, y muchas cosas más, pueden debatirse.
Pero lo que no puede ser tema para deliberar es el rechazo al Estado de Israel. Eso debería ser unánime. La humanidad toda debería condenarlo.
¿Cómo es posible que en Israel existan autoridades nacionales llamando abiertamente a lanzar una bomba nuclear contra Palestina, país que vienen devastando por más de 80 años, y no se produzca una total repulsa mundial?
¿Cómo es posible que en Israel, todos, o la gran mayoría de habitantes, no critiquen el genocidio que se perpetra contra los palestinos, sino que debatan cual es la mejor forma para acabar con ellos?
Y esas declaraciones, esos debates, se hacen en un país que durante décadas, a través de medios de comunicación, teniendo a Hollywood como principal punta de lanza, implantara su narrativa de la victimización. El país que logró aglutinar a gran parte del planeta bajo el relato del holocausto.
El planeta horrorizado compartía y se solidarizaba con los relatos de como los nazis torturaban a los judíos, de cómo los exterminaban en campos de concentración, en cámaras de gas.
Y era lógico, tales crueldades merecen un total repudio.
Pero resulta que hoy el mundo descubrió, confirmó, gracias a la existencia de medios alternativos de comunicación, de las llamadas redes sociales, que Israel comete crímenes tan o más aberrantes contra los palestinos.
El mundo toma conciencia que un genocidio se está llevando a cabo y se pregunta ¿por qué quienes tienen el poder para detenerlo, quienes podrían presionar para detenerlo no lo hacen?
No es tan fácil.
Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo fue construyendo una estructura burocrática internacional que fuera funcional a quienes derrotaran a la Alemania nazi.
Por ejemplo, en 1944 se establecieron los Acuerdos de Bretton Woods, cuya finalidad fue crear un nuevo modelo económico mundial.
Casi medio centenar de países, que habían sufrido directa o indirectamente el rigor de la guerra, querían crear un sistema monetario internacional estable y fomentar el comercio y la cooperación entre los países. Un objetivo loable desde todo punto de vista.
Los acuerdos tomaron ese nombre porque se firmaron en el Hotel Mount de Bretton Woods, en New Hampshire, EE. UU. Claro, eso ya nos daba una idea de lo que se venía, de quien sacaría ventaja en el futuro.
Allí fueron perfilando lo que sería el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Y, claro, la supremacía del dólar.
Lo que la gran mediática global, quienes controlaban férreamente el relato global ocultaban, es que un grupo de banqueros judíos, esos que no fueron exterminados en los campos de concentración, salieron más fortalecidos en el periodo post guerra.
Ellos, con muy buenas relaciones en Lóndres y Washington, con otras capitales de Europa, participaron activamente en la reconfiguración de las nuevas estructuras financieras y comerciales.
Sembraron la semilla del orden mundial que hoy languidece.
Claro, en ese interín, durante varias décadas, debieron lidiar con la Unión Soviética y su área de influencia. No es que vieran perjudicados sus intereses, porque ellos hacían negocios con Moscú.
Por ejemplo, Europa, más allá de la retórica contra el comunismo de sus líderes, era alimentada con hidrocarburos del este europeo.
Esos mismos señores, los que estructuraban el orden mundial naciente, y dándose cuenta la importancia que cobraba el petróleo, el control del petróleo mejor dicho, vieron la necesidad de instalar un mastín en la región, para controlar, amedrentar y dado el caso diezmar a los países de la zona, a sus habitantes. Por eso, en 1948, dieron vida a Israel.
A partir de ahí surgieron agresiones permanentes a todos sus vecinos, claro siempre apalancados por Estados Unidos.
No olvidemos qu
e los lobbys sionistas controlan la política norteamericana
No es ninguna novedad. Se conoce, es público, el poder de AIPAC, institución que tiene entre sus operadores a parlamentarios del Partido Republicano y el Partido Demócrata; a elementos de la CIA, el FBI, el Pentágono; ni hablar de fichas en los medios de comunicación, en la industria del entretenimiento.
Siendo Estados Unidos el mandamás en el llamado occidente colectivo, habiendo convertido a la Unión Europea en un apéndice de sus caprichos, de sus aventuras bélicas, es fácil entender que no exista una respuesta contundente, eficiente, contra la barbarie israelí.
A través de los años se han producido decenas de resoluciones en la ONU contra el estado de Israel y todas las ha bloqueado Estados Unidos.
Algunos líderes europeos se conformaron con promover resoluciones, hacer condenas verbales, pero hasta ahí. La verdad es que el poder económico de los banqueros sionistas, sus cómplices, hace que frenen sus ímpetus.
Además, como en el caso de Estados Unidos, de Trump y sus allegados, el Mossad tiene mucha información “interesante” de políticos, diplomáticos, empresarios, artistas, que sirve para maniatarlos y ponerlos a su servicio.
Entonces la presión viene por intereses económicos compartidos, chantaje, prejuicios ideológicos y hasta religiosos, de la élite en el occidente colectivo.
Mientras para la mayoría, la gran mayoría del mundo, el genocidio es altamente reprochable y lo manifestamos pública y enérgicamente, los líderes en el occidente colectivo no lo ven así, no lo pueden manifestar.
Otra cosa son los pueblos. Hemos visto masivas muestras de rechazo en calles europeas, norteamericanas, contra el genocidio.
Vimos en Estados Unidos como estudiantes universitarios fueron brutalmente reprimidos por gritar los crímenes del sionismo israelí.
Esto es una paradoja, se masacraba a los estudiantes norteamericanos, en su propio país, para no incomodar al gobierno sionista de Netanyahu.
Pero eso trae consecuencias. Ya reconocidas figuras del MAGA, otrora bastión de Trump, le dieron la espalda por su obsecuencia a los designios de Tel Aviv, que lo llevó incluso a una desfavorable guerra contra Irán, que tanto le está costando al pueblo norteamericano, y que le podría significar una aplastante derrota electoral a Trump en los primeros días de noviembre.
Una derrota del actual mandatario norteamericano, donde se haga patente el rechazo al sionismo, podría influir en una modificación de la política internacional.
Por lo menos, los líderes, quienes manejan Estados Unidos, deberían reflexionar sobre su dependencia de Israel. Evaluar costos y beneficios.
De otro lado, China, Rusia, los BRICS en su conjunto, podrían, hoy que la unipolaridad vive sus estertores finales, presionar económica y diplomáticamente para ir frenando el genocidio.
Militarmente no creemos, de eso se encargan Irán y el eje de la resistencia en Medio Oriente.
Durante la última Asamblea General de la ONU la mayoría de representaciones abandonaron el recinto cuando Benjamín Netanyahu haría uso de la palabra.
La señal fue clara, la inmensa mayoría de los seres humanos los repudia. Israel respondió con altanería, Netanyahu y sus compinches, ese es el término adecuado, reaccionaron con amenazas, aseverando que seguirán su genocidio. Amedrentando a los países que rechazan sus crímenes.
Los días pasan, el genocidio no se detiene. El rechazo del planeta no les importa a Netanyahu ni sus cómplices.
Esta es la realidad. ¿Cuál es la salida? ¿Diplomática, legal?
No creo, esta gente no cree en el derecho público internacional. Desgraciadamente ellos sólo entienden el lenguaje de la fuerza, como el que emplea Irán, ahí si reculan.
Pareciera que nos quieren llevar a la barbarie, a una hecatombe. Por eso, el rechazo al sionismo israelí no merece debate, inclusive por un asunto de autoconservación.
The post El repudio al sionismo appeared first on Prensa y Gente.