
El presidente Trump, junto con su aliado israelí de extrema derecha, Benjamin Netanyahu, ha iniciado una guerra ilegal, premeditada e inconstitucional. Trágicamente, Trump está apostando las vidas y el dinero del pueblo estadounidense para cumplir una ambición que Netanyahu ha sostenido durante décadas: arrastrar a Estados Unidos a un conflicto armado con Irán.





La Constitución de los Estados Unidos es clara: es el Congreso quien tiene la facultad de declarar la guerra, no un presidente que actúa de manera unilateral. El Senado debe reunirse de inmediato y votar sobre la Resolución de Poderes de Guerra pendiente, la cual apoyaré firmemente.
Además, este ataque contra Irán constituye una clara violación del derecho internacional y agravará la inestabilidad en un mundo ya de por sí peligroso. Si Estados Unidos e Israel pueden lanzar un ataque contra una nación soberana sin consecuencias, entonces cualquier otro país podría hacer lo mismo. La fuerza no determina lo que es correcto; solo genera anarquía internacional, muerte, destrucción y sufrimiento humano.
Al pueblo estadounidense se le mintió sobre Vietnam. Se le mintió sobre Irak. Y hoy, nuevamente, se le está mintiendo. Y, una vez más, serán las personas trabajadoras y comunes quienes pagarán el precio.
La ciudadanía de nuestro país, independientemente de su postura política, no quiere guerras interminables. Quiere empleos bien remunerados, acceso a atención médica de calidad y viviendas asequibles. Quiere que sus hijos reciban una educación excelente.
No debemos permitir que Trump nos arrastre a otra guerra sin sentido.
Digamos “no” a la guerra con Irán.
