

Por Emilia Santos Frias
En la Generación Z, nacida en este siglo XXI, marcado por grandes avances tecnológicos, crisis económicas, cambio climático y acceso ilimitado a la información, encontramos a los genuinos nativos digitales. Estos a diferencia de sus antecesores, no normalizan el sufrimiento laboral o la sobreexplotación. Pero, como no todo es blanco y negro, existen excepciones, verbigracia quien laboran en los denominados call centers.
Esta generación Z, que no conoce el mundo sin internet. Socializa y se educa desde aplicaciones y redes sociales, porque es parte de la denominada infocracia: “una nueva forma de dominación donde los algoritmos y la inteligencia artificial rigen los procesos políticos, económicos y sociales”.
A diferencia de los regímenes disciplinarios del pasado, que explotaban los cuerpos, en este se explota información y datos. Hoy, el poder ya no lo ostenta quien posee los medios de producción, como en el pasado, sino, quién tiene acceso a los datos utilizados para la vigilancia, control y predicción del comportamiento humano. iCapisci!. Quien tenga oídos que oiga, para buen entendedor, pocas palabras bastan.
¿Ahora se entiende mejor lo que ocurre en nuestra sociedad actual? La premisa citada precedentemente, es del destacado filósofo Byung-Chul Han, mencionado además en artículos anteriores, quien en su obra: Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia, argumenta acerca de cómo el capitalismo de la información y los algoritmos destruyen el debate público.
Esto así, porque en la actualidad, los datos y el big data han sustituido a la razón discursiva, y como consecuencia tenemos sociedades fragmentadas, donde no existe verdadera acción democrática. La información es el nuevo gobierno al que estamos sometidos, en el, la digitalización avanza, es inevitable, imparable. Afirma el citado ensayista, el más leído del presente siglo XXI.
En ese orden, los speaker de redes sociales, Tannia Padilla, agrega a esta vorágine, la multitarea digital, que asegura, genera distracción, destruye la concentración profunda y trae como resultado a profesionales zombis. “Nos estamos convirtiendo en la generación de profesionales fantasmas. La presencia fue secuestrada y las personas están cada día más desconectadas de lo importante”.
Por eso, asegura que este es un sistema sin final feliz, que yo robo la capacidad de pensar y de que cada quien dirija su propia vida. Siendo un claro ejemplo de afectación a la cultura, identidad y claridad personal. “En un mundo saturado de información, la atención es el recurso más escaso. La nueva realidad digital asesinó algo valioso”.
Esta generación Z, que no gusta hablar con desconocidos, ni abordar a nadie en la calle, un café, una fila…, porque evita la interacción física; esto les incomoda. Que está aislada, mira el celular sin hablar con nadie, es la primera generación de la humanidad que creció interactuando con sus iguales detrás de una pantalla. Carece de hábito de hablar con personas desconocidas.
Algunos expertos de la conducta humana, como Jean Twenge, y neurocientíficos como Jared Cooney Horvath, que investigan el impacto de la tecnología, los teléfonos inteligentes y las redes sociales en la salud mental, el sueño y las interacciones sociales de los jóvenes. Asimismo, cómo la exposición temprana a pantallas y la inteligencia artificial reduce la exigencia cognitiva, alterando el rendimiento en comparación con generaciones anteriores.
Consideran que los rasgos descritos con anterioridad, hace que la generación Z, viva con menos niveles de felicidad y positividad. Pese a preocuparse por la salvaguarda de los derechos humanos de sus iguales, con énfasis en los medioambientales: está comprometida con la mitigación del daño que produce el cambio climático; fomenta igualdad; inclusión y justicia social. Del mismo modo, es abanderada del bienestar personal y conseguir mayor calidad de vida sin estar expuesta al trabajo duro tradicional.
Este colectivo consume contenido rápido y visual, por eso el auge de Tik Tok e Instagram. Procura gratificación instantánea, y esta, se insiste, sin lugar a duda afecta la capacidad de atención y tolerancia a la frustración. De ahí que, desde los medios nos hemos hecho eco de hechos lastimosos.
En ese orden, tenemos que continuar fortaleciendo la educación en valores, positiva, insistente en la observancia de garantía de derechos humanos y fundamentales. Respeto, empatía, y entender la diferencia. Porque en esta generación prima la intuición por encima de la razón. Vive en mundo interconectado, con multidispositivos a los que se expone desde la infancia.
De ahí que, nosotros los inmigrantes digitales, que nacimos y nos criamos en un entorno análogo, en viviendas con patio, disfrutando de la naturaleza, palpando animales, cosas…, que aprendimos historias contadas a viva voz de generación a generación.., y nos adaptamos a la tecnología durante nuestra vida adulta, necesitamos más paciencia, comprensión e indulgencia para convivir de forma efectiva con los Z, y viceversa.
Junto a ellos, sigamos haciendo aportes a la cultura, trabajando por el éxito. Recordemos la sugerencia del pensador ético, social, Confucio: el ser humano que comete un error y no lo corrige, incurre en otro.
Hasta la próxima entrega.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.
santosemili@gmail.com
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