GlobalOpinión

La importancia el sistema democrático

Por Manuel Vólquez

Las dictaduras, sean de derecha o de izquierda, son malas, deshumanizadas y perturbadoras. No debieran existir nunca. No surgen de manera espontánea, sino que son el resultado de una combinación de factores históricos, políticos, económicos y sociales que crean las condiciones para el ascenso de un régimen autoritario. Entre las causas más comunes se encuentran las inestabilidades políticas derivadas de golpes de Estado, revoluciones o conflictos armados, así como las graves crisis financieras que llevan a la población a buscar soluciones drásticas en figuras carismáticas que prometen orden y progreso. Además, la corrupción sistemática también ha contribuido al surgimiento de dictaduras en diferentes regiones del mundo.

En ese contexto, hay países que aún siguen implementando leyes severas a sus ciudadanos, como ocurre en Asia y Medio Oriente donde las mujeres no pueden votar porque es considerado un delito. Singapur, Turkmenistán, Afganistán y Corea del Norte, figuran entre los estados extremistas que aún contemplan este tipo de reglas. Singapur y Turkmenistán representan los regímenes más fuertes en cuanto a medidas autoritarias.

Singapur, situado en el Sudeste asiático y con 5.8 millones de habitantes, es conocido por sus estrictas regulaciones para mantener la paz y el orden. Muchas normas buscan preservar la armonía social y ambiental, de manera que los visitantes y ciudadanos deben evitar cometer errores. ¿Cuáles son las prohibiciones?: mascar chicle en la calle, pues su venta está vetada y se considera un vandalismo; fumar en áreas no designadas, como parques públicos, playas, centros comerciales y cerca de entradas de edificios; tirar basura o escupir en público; alimentar animales silvestres (monos o palomas); cruzar la calle fuera del paso peatonal; beber alcohol en el metro; usar el celular mientras conduces. Además, consumir o traficar drogas (aplican la pena de muerte); mostrar afecto homosexual con besos o abrazos prolongados en áreas concurridas; hacer manifestaciones en público sin autorización; no descargar el inodoro; conectarse al Wifi ajeno sin permiso (conlleva tres años de cárcel); fotografiar edificios sensibles; fumar en hoteles no designados; llevar mascotas no declaradas; comerciar sin licencia (vender souvenirs en la calle); y nadar en fuentes públicas.

Mientras, en Turkmenistán, viviendo en la extrema pobreza con más de seis millones de habitantes y gobernado autoritariamente durante décadas por la familia Berdimuhamedov, se imponen estrictas prohibiciones que han sido objeto de críticas por parte de organizaciones internacionales debido al historial de violaciones de los derechos humanos y restricciones a las libertades civiles. Los hombres no pueden teñirse el cabello de negro para ocultar las canas ni tener barba antes de los 40 años de edad y de hacerlo pueden ser enviados a prisión. También se conoce que es prohibido cambiarle el nombre a un caballo, comprar cigarrillos o conducir un carro sucio. Los meses del año no tienen el nombre que comúnmente sabemos. Allá, llevan los nombres de sus héroes nacionales.

La mayoría de los edificios y vehículos llevan el color blanco porque simboliza pureza, bienestar y buena fortuna. Aunque no hay un decreto oficial que prohíba los vehículos de otros colores, las autoridades locales confiscan aquellos de colores oscuros, obligando a los propietarios a repintarlos de blanco o tonos claros. Las calles siempre están vacías de personas y en las avenidas no existe publicidad comercial. Esa medida responde a una decisión política orientada a proyectar orden y autoridad. No obstante, el Estado garantiza servicios básicos gratuitos como el agua y la electricidad, una combinación poco común incluso entre naciones con amplios recursos energéticos.

La libertad de expresión y de prensa están severamente restringidas. El gobierno controla los medios de comunicación y censura cualquier contenido que sea crítico con el régimen. Los periodistas o activistas que se atreven a desafiarlo son perseguidos, encarcelados y, en algunos casos, incluso desaparecidos. El acceso a internet está fuertemente controlado, con el gobierno bloqueando sitios web y redes sociales que considera críticos o que promueven ideas que van en contra de la narrativa oficial. Por igual, los derechos laborales están severamente censurados. El gobierno no reconoce el derecho a la sindicación y la negociación colectiva, lo que impide a los obreros organizarse y defender sus intereses. Son obligados a trabajar largas horas en condiciones peligrosas y sin acceso a un salario justo.

Viendo esas cosas, los dominicanos debemos pensar bien sobre los terribles efectos de las dictaduras y valorar la importancia del sistema democrático que disfrutamos en la actualidad, un proceso que se remonta a la Independencia del país en 1844 cuando se establecieron gobiernos liderados por caudillos militares y figuras políticas autocráticas. A partir de la caída del régimen dictatorial trujillista, disfrutamos de una preciada libertad que, sin embargo, muchos ciudadanos con cerebros desamueblados confunden con acciones de libertinaje, caos, inestabilidad política, social y el desorden. En efecto, se impone una atinada reflexión para no retroceder a las anteriores épocas siniestras. Todo tiene un límite.

Compartir:

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
Translate »
Enable Notifications OK No thanks