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Lázaro y Jesús, resucitados

Por Rafael Peralta Romero/Voces y ecos

Cuando Jesús llegó a la casa de Marta y María, en Betania, cerca de Jerusalén, lo recibieron con llantos y hasta recriminaciones. Preguntó dónde habían puesto a Lázaro y mientras caminaban al sepulcro, lloró. San Juan dedica el capítulo once del cuarto Evangelio a la muerte y resurrección de Lázaro, y lo narra con detalles impresionantes.

El llanto de Jesús fue pura expresión humana, de hombre dolido. A Él le habían dicho que Lázaro estaba enfermo. Sin embargo, fue tardío para acudir a visitarlo. Cuando lo hizo, su amigo yacía en el sepulcro con cuatro días de muerto. Ya hiede, dijo la hermana Marta. Ante una orden de Jesús, Lázaro se paró y caminó. (Jn 11, 43-44).

Sigamos leyendo: Seis días antes de la Pascua, Jesús fue a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Él había resucitado. Allí hicieron una cena en honor de Jesús; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa comiendo con él. María trajo un frasco de perfume de nardo puro y ungió los pies de Jesús; luego se los secó con sus cabellos. (Juan 12,1-4).

La resurrección de Lázaro es interpretada como una demostración del poder de Jesús sobre la muerte. El capítulo once de Juan solo trata este hecho. El evangelista inicia el capítulo 12, con una referencia a la resurrección de Lázaro. Vale

apreciar la indisoluble relación de este hecho con la resurrección de Jesús y con su proyección como un ser excepcional. Sin la resurrección, Jesucristo fuera de talla similar a otros profetas o de algún filósofo de la antigüedad. Sócrates, por ejemplo, quien murió 399 años antes del nacimiento de Jesucristo, produjo, en Atenas, enseñanzas que perduran en el mundo de la filosofía. No dejó libro, sino que sus discípulos escribieron su pensamiento, lo mismo que Jesús.

Los cuatro evangelistas refieren la resurrección de Jesús, la cual choca con las leyes de la naturaleza. A la luz de la razón, se entiende a quienes lo pongan en dudas. Para la cristiandad es un misterio de fe. Bien lo proclamó el apóstol Pablo: “Si Jesucristo
no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe”. (1 Cor. 15,14).

El evangelio de Juan dedica el capítulo 20 a pormenores de la Resurrección y el 21 para contar las apariciones de Jesucristo después de resucitado. Pasado mañana es Domingo de Ramos, inicia la Semana Santa. Lo más importante no es el relato de la muerte de Jesús. Lo más significativo es la Resurrección.

rafaelperaltar@gmail.com

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