LEY MATA POESIA, PERO NO MEMORIA

Réquiem por una Poeta
Renée Nicole Macklin-Good escribía como quien abre una ventana en una casa sitiada. No para huir, sino para que entrara aire. Su poesía no buscaba permiso: entraba al mundo con la claridad de una voz joven que sabe que el lenguaje es también refugio y barricada. En sus versos había una disciplina aprendida —el rigor del creative writing— y, a la vez, una desobediencia luminosa: la intuición de que la palabra no se somete cuando nace del temblor.
Estudió para afinar la herramienta, no para domarla. Por eso su escritura respiraba ciudad y cuerpo, aula y calle, herida y ternura. En 2020, cuando fue reconocida por la Academy of American Poets, no recibió solo un premio: recibió una confirmación. La poesía todavía escucha cuando se le habla con verdad.
Renée escribía desde un lugar donde el yo no se encierra; se vuelve puente. Su voz sabía que la identidad es un río con afluentes múltiples y que el poema puede ser acta de nacimiento y pasaporte, memoria y futuro. Había en ella una ética del cuidado: cuidar la frase para cuidar a quien la lee. Y, sin embargo, no eludía el filo. Decía lo necesario. Decía lo que duele. Decía lo que no conviene decir cuando el poder vigila.
Por eso el luto no es solo personal. Es un luto público. Porque Renée fue asesinada en Minneapolis en un acto de violencia estatal: un cuerpo poético silenciado por una maquinaria que confunde control con justicia. Su muerte no es un accidente; es una herida política. Cuando un Estado mata a una poeta, intenta matar también la pregunta que ella encarna.
Pero la poesía no muere con el cuerpo. Se queda. Circula. Aprende nuevas bocas. Renée queda en la respiración de quienes leen sus textos como quien enciende una vela en medio del viento. Queda en la certeza de que escribir sigue siendo un acto de riesgo y de amor. Queda en la tarea que nos deja: no callar cuando el miedo pretende volverse ley.
Hoy la nombramos para que no la borren. La nombramos para que la palabra vuelva a abrir la ventana. La nombramos porque el luto, cuando es justo, se vuelve canto. Y porque, aun en la noche más dura, la poesía —la suya— insiste en amanecer.
“Quiero de vuelta mis mecedoras,
atardeceres solipsistas,
y sonidos de selva costera
que son tercetos de cigarras…” RM
(La poeta Renée Nicole Macklin-Good fue asesinada la tarde del este siete de enero en Minneapolis por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés).

