Los líderes de la política dominicana, y los partidos políticos en el 2028


Por Becker Márquez Bautista
La sociedad dominicana ya no es la misma después de que los tres gigantes de la política nos dejaron físicamente: Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez y el profesor Juan Bosch. La sapiencia, la estrategia y la astucia de estos líderes marcaron una época irrepetible en la historia de nuestra nación. Ellos no solo definieron el quehacer político, sino que también forjaron una política de ideologías, manteniendo a la ciudadanía activa y comprometida con un debate sobre visiones de país.
Recuerdo aquellos discursos apasionados y los grandes mítines que se organizaban. El dinamismo político se sentía en cada rincón, y en aquella época existía una cantera de líderes locales que se preocupaban por los problemas esenciales de sus comunidades, influyendo de manera directa en sus demarcaciones.
En contraste, hoy tenemos oportunistas y vividores de la política que deambulan con un saco lleno de sueños rotos y falsas promesas. Su único objetivo es engañar a los votantes para asaltar el poder y, a base de corrupción, mantenerse en las esferas políticas. Las mentiras, los incumplimientos y la corrupción se han convertido en una enfermedad del sistema que erosiona la confianza pública, transformando la política en un simple negocio.
Ya no se hacen propuestas; ahora se ofrecen «pica pollos» y funditas provenientes de los recursos públicos. Hoy, la estatura moral de los ciudadanos no importa tanto como los aportes económicos que realizan, y no les interesa si provienen del narcotráfico o de actividades ilícitas. La República Dominicana y su sistema de partidos se encuentran en una profunda crisis de valores, lo que ha provocado una abstención brutal en los últimos procesos electorales. La falta de credibilidad y la deshonestidad son el caldo de cultivo perfecto para que los ciudadanos pierdan el interés en la política.
Se hace urgente el retorno de los grandes estadistas al escenario político, al congreso y, por supuesto, a la presidencia de la República. La ausencia de líderes con una visión de nación, integridad y compromiso con el bien común ha dejado un vacío que ha sido llenado por el oportunismo y el desinterés. Necesitamos con premura figuras que, inspiradas en los principios democráticos, prioricen el servicio sobre el poder y el legado sobre el beneficio personal. El futuro del país depende de que el liderazgo político sea ocupado nuevamente por hombres y mujeres que entiendan la política como un noble arte para construir una sociedad más justa, próspera y equitativa para todos los dominicanos.
Nuestro compromiso y visión como actor político
Desde mi visión personal, la política es el arte de servir y la vía que nos permite realizar los aportes que nuestra sociedad requiere. Para mí es mucho más que una plataforma para el poder; es el principal vehículo para la construcción de una sociedad más justa, el hilo conductor entre los principios democráticos y la ciudadanía. Como actor político, mi compromiso es inquebrantable: promover la honestidad, la transparencia, la ética y la rendición de cuentas, actuando siempre con un profundo respeto por el pueblo. Sin embargo, este deber no es solo mío. El compromiso es mutuo, y como ciudadanos dominicanos, tenemos la responsabilidad de exigir la moralidad, informarnos y participar activamente para que el cambio que deseamos se haga realidad.
Reflexión sobre el futuro político
Los partidos políticos están obligados a realizar una profunda profilaxis interna. Esto no solo implica expulsar a los corruptos y oportunistas, sino también transformar sus estructuras para que la honestidad y la integridad sean los criterios fundamentales para el liderazgo. Se hace urgente rescatar la moral en el quehacer político, pues sin ella, las propuestas y los proyectos de nación carecen de cimientos.
Es necesario innovar y agregar nuevas formas de hacer política. Esto implica utilizar la tecnología para promover la transparencia, acercarse al electorado con propuestas claras y realizables, y construir un diálogo honesto que reconecte a los ciudadanos con sus líderes. Debemos impulsar un nuevo liderazgo que combine lo mejor de la vieja escuela —la ética, la visión de Estado y la lealtad a los principios— con las demandas de una nueva generación —la rendición de cuentas, la cercanía a la gente y la eficiencia en la gestión—.
La verdadera esperanza para el 2028 reside en que los partidos políticos reconozcan que no pueden seguir ignorando la desafección de la ciudadanía. La única forma de revertir esta crisis de valores es honrando el legado de los grandes líderes del pasado, como Balaguer, Bosch y Peña Gómez, pero construyendo sobre sus principios un futuro basado en la confianza y el compromiso genuino con el bienestar del pueblo dominicano. La responsabilidad de esta transformación es un llamado a la acción para todos.
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