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¿Se aprobará la propuesta de reforma estatutaria del PRM ?

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Johnny Sánchez
Para determinar si el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se encamina hacia una consolidación de su institucionalidad o si, por el contrario, refuerza los mecanismos tradicionales de control centralizado, es preciso observar indicadores que trascienden el discurso formal y se centren en la praxis de poder
A continuación, presento los ejes críticos que actúan como "termómetros" de esta evolución:
1. El mecanismo de selección: ¿Excepción o regla?
La tensión entre primarias y encuestas(consensos) es, efectivamente, el punto de quiebre. El indicador determinante aquí no es el uso de una u otra modalidad, sino la predictibilidad y transparencia del método
Indicador de democratización: El establecimiento de criterios técnicos públicos y objetivos para decidir cuándo procede una encuesta, o consenso, y cuándo una primaria. Si la elección del método se percibe como una herramienta discrecional para favorecer liderazgos específicos o evitar la competencia interna, la organización se mueve hacia el control centralizado.
La prueba de fuego: la capacidad de los precandidatos de desafiar los resultados de las encuestas mediante procesos de auditoría interna sin ser marginados políticamente.
2. Autonomía financiera y técnica de las estructuras territoriales.
La descentralización prometida en el estatuto (Art. 80) suele enfrentarse al "cuello de botella" presupuestario.
Indicador de profesionalización: La existencia de presupuestos ejecutables a nivel provincial y municipal con capacidad de decisión sobre sus propias agendas electorales.
El proceso a observar: si las direcciones territoriales solo funcionan como correas de transmisión para las directrices emanadas desde la capital, o si tienen autonomía para definir coaliciones locales, perfiles de candidatos y alianzas estratégicas que respondan a la realidad de sus demarcaciones.
3. Independencia de los órganos de control ético.
La institucionalidad se mide por la capacidad de los organismos internos de sancionar a sus propios cuadros sin que esto se interprete como una "purga" de facciones.
Indicador de fiscalización: La periodicidad y alcance de los informes de la Comisión de Ética y Disciplina, especialmente cuando los casos involucran a altos cargos o figuras cercanas a la cúpula.
El proceso a observar: la existencia de mecanismos de denuncia para la base militante que no dependan del filtro de la Dirección Ejecutiva.
Si las decisiones disciplinarias siguen un patrón de "lealtad política" en lugar de "apego a la norma", la institucionalización es puramente cosmética.
4. Institucionalización del relevo generacional y de género
Más allá de las cuotas de ley, la verdadera democratización se observa en el flujo de ascenso.
Indicador de movilidad: ¿Están los nuevos liderazgos ascendiendo a través de la meritocracia interna y el trabajo territorial, o a través de la cooptación y el nombramiento directo por parte de la jerarquía?
Amigos, nepotismo, compadres, todos sabemos quiénes son.
El proceso a observar: la apertura de los espacios de toma de decisiones en el Comité Central o la Dirección Ejecutiva a figuras que no provienen necesariamente de la "vieja guardia" o de los sectores predominantes del partido.
Reflexión final: La cultura de la "cúpula" vs. la "base"
La paradoja que enfrenta el PRM —y gran parte del sistema de partidos dominicano— es que, a menudo, la **eficiencia electoral** es vista como incompatible con la **democracia interna**.
Existe la creencia de que las primarias abiertas o competitivas exponen al partido a fracturas que benefician a la oposición.
Si el PRM logra institucionalizar mecanismos que garanticen que la disidencia interna no sea sinónimo de traición y que la meritocracia sea el principal motor de ascenso, se consolidará como una organización de sistema. De lo contrario, seguiremos viendo la alternancia de poder como el único indicador de éxito, mientras la estructura partidaria permanece como una arquitectura formal sobre una cultura de mando vertical.
¿Consideras que, en el contexto actual, el PRM posee la suficiente presión de sus bases para exigir esa institucionalidad, o el discurso electoral reciente ha generado una "paz" interna que, paradójicamente, desincentiva cualquier intento de reforma profunda?
El pueblo le gritará, igual que le hicieron a Balaguer: "Te cogemos la fundita y no somos reformistas"
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