Cuando la guerra se vuelve un juego peligroso

Los conceptos emitidos en este artÃculo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Iscánder Santana | Zúrich, Suiza
Mientras Israel sigue lanzando bombas sobre el LÃbano como si fuera un solar abandonado, y los ataques contra Irán se han vuelto tan rutinarios como el tránsito de la Kennedy a las seis de la tarde, uno se pregunta: ¿hasta dónde piensan llegar? Porque ya no estamos hablando de «tensión regional» ni de «operaciones quirúrgicas». No, mi hermano: esto huele a desorden grande, a invento mal hecho, a esa mezcla de arrogancia y torpeza que siempre termina explotando en la cara de todo el mundo.
La guerra sin freno: Israel, LÃbano e Irán
Israel bombardea el LÃbano como quien quiere borrar el mapa y dibujarlo de nuevo, mientras simultáneamente ataca infraestructura iranà —incluyendo instalaciones nucleares— con una ligereza que desafÃa cualquier cálculo estratégico. La famosa «tregua» de cinco dÃas es un cuento chino: nadie ha parado nada. Es como cuando en República Dominicana dicen «vamos a dialogar», pero ya tú ves al otro sacándose la correa.
Las falsas banderas: TurquÃa, Chipre, Diego GarcÃa
Aparecen explosiones «misteriosas» en TurquÃa, detonaciones «extrañas» en Chipre, movimientos opacos en Diego GarcÃa. Cada vez que surge una falsa bandera, es señal de que alguien está escribiendo un guion. Y cuando los guiones se escriben asÃ, ya tú sabes: el final nunca es bonito.
Trump y las negociaciones imaginarias
Donald Trump anuncia que está «negociando la paz» con Irán mientras, al mismo tiempo, moviliza tropas, portaaviones y marines hacia la región. Eso es como cuando un polÃtico dominicano habla de diálogo, pero ya tiene el decreto firmado en el bolsillo. Irán, por su parte, niega estar hablando con nadie. Entonces, ¿quién negocia con quién? Parece más teatro que diplomacia.
El fantasma de una invasión a Irán
Cada dÃa se oye más el murmullo: mil soldados aquÃ, cinco mil marines allá, treinta mil tropas listas «por si acaso». Uno sabe que cuando Estados Unidos empieza a mover fichas asÃ, no es para jugar dominó. Pero invadir Irán no es como invadir una islita. Es un paÃs enorme, montañoso, orgulloso, con misiles, drones, milicias y una población que no se deja. Meterse ahà serÃa como entrar a un callejón oscuro sin saber quién espera detrás del zafacón.
¿Dónde termina este relajo?
No en una «Tercera Guerra Mundial» de meme, pero sà en algo igual de feo: una guerra regional larga, el petróleo por las nubes, ataques a instalaciones nucleares como si fueran colmados, y el derecho internacional tirado en una cuneta. Cuando los paÃses poderosos adoptan la mentira, la falsa bandera y el bombardeo preventivo como herramientas cotidianas, el mundo entra en una zona sin frenos, sin árbitro y sin reglas. Y cuando no hay reglas, lo que queda es el caos.
Lo que estamos viendo no es estrategia: es improvisación con bombas. Y cuando los que improvisan tienen portaaviones, misiles y egos del tamaño de un estadio, el peligro no es que la guerra empiece, es que nadie sepa cómo pararla.
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