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Trump llega a las «midterms» con el Senado en peligro y la economía como principal lastre


A un mes de las elecciones de medio mandato, los demócratas parecen ganar ventaja en algunos estados clave, según las últimas encuestas

A un mes de las elecciones de medio mandato, el escenario que afronta Donald Trump es considerablemente más complicado de lo que los republicanos anticipaban hace apenas unos meses. La Cámara de Representantes lleva tiempo considerada en riesgo, como suele ocurrir con el partido que ocupa la Casa Blanca en unas elecciones legislativas. La novedad está ahora en el Senado: estados que hasta hace poco parecían seguros para los republicanos se han convertido en campos de batalla y han abierto a los demócratas una vía, todavía difícil, para recuperar también la Cámara Alta.

Las últimas encuestas de «The New York Times» y Siena College ilustran hasta qué punto se ha ampliado el mapa. Los candidatos demócratas aventajan a sus rivales republicanos por siete puntos en Alaska y seis en Texas, y por tres en Ohio. En Kansas hay un empate y en Iowa el republicano conserva apenas un punto de ventaja. Los márgenes en varios de estos estados están dentro del error muestral, pero que los demócratas sean competitivos en todos ellos constituye por sí solo una señal de alarma para el partido de Trump.

Los republicanos controlan actualmente el Senado por 53 escaños frente a los 47 del bloque demócrata, por lo que estos últimos necesitan una ganancia neta de cuatro asientos y conservar todos los que ya tienen. Hasta hace unos meses, la aritmética hacía que ese objetivo pareciera remoto. Ahora, además de las tradicionales batallas en estados como Maine y Carolina del Norte, los demócratas pueden mirar hacia territorios mucho más conservadores. Texas, donde James Talarico alcanza el 51% frente al 45% del republicano Ken Paxton, es probablemente el ejemplo más llamativo. En Alaska, Mary Peltola llega al 50% frente al 43% del senador Dan Sullivan.

Los motivos del deterioro republicano

Detrás del deterioro republicano aparece un problema que la Casa Blanca no ha logrado despejar: la economía. Una encuesta de AP-NORC publicada esta semana sitúa en apenas el 26% la aprobación de la gestión económica de Trump y en el 17% la valoración positiva de su respuesta al coste de la vida. El 65% de los estadounidenses considera, además, que las políticas del presidente tienen responsabilidad en el encarecimiento de los precios.

El contraste con 2024 resulta especialmente incómodo para Trump. La economía fue entonces uno de los principales argumentos que le permitieron regresar a la Casa Blanca. Dos años después, los precios de los alimentos, la gasolina y otros gastos cotidianos se han convertido en uno de los principales reproches a su Administración. En los cinco estados analizados,el 57% de los votantes desaprueba su gestión presidencial. En Alaska, casi tres de cada cuatro califican la situación económica del estado como regular o mala; en Iowa, Kansas y Ohio lo hacen al menos dos tercios de los consultados.

El nivel de aprobación de la gestión económica de Trump se sitúa apenas en el 26%

Trump ha respondido recurriendo a una de las fórmulas más directas posibles: prometer dinero a los votantes. Durante la convención republicana de septiembre anunció un «dividendo Trump» de 5.000 dólares para cada adulto estadounidense si los republicanos mantienen el control de ambas cámaras el 3 de noviembre. El presidente ha vuelto a insistir en la propuesta en las últimas semanas, aunque no ha explicado con precisión cómo se financiaría y necesitaría la intervención del Congreso. El coste podría superar el billón de dólares.

La promesa tampoco parece haber cambiado hasta ahora el estado de ánimo del electorado. Un sondeo de «Economist» y YouGov mostró que el 61% de los votantes probables no cree que Trump llegue a entregar esos cheques, frente a un 22% que sí confía en que lo haga. Incluso dentro del Partido Republicano existen dudas sobre el impacto presupuestario y sobre la posibilidad de aprobar la medida en el Senado.

Una guerra impopular

A la economía se suma Irán. Lejos de reducir la exposición estadounidense al conflicto antes de las elecciones, el Pentágono está reforzando su presencia en Oriente Próximo. Estados Unidos ha ordenado el envío de unos 9.000 militares, entre marineros y marines, junto al grupo de combate del portaaviones USS Theodore Roosevelt. El movimiento podría situar simultáneamente tres portaaviones estadounidenses en la región a finales de octubre. Trump tampoco descarta nuevas operaciones contra Teherán después de las elecciones. El problema político es que la guerra se ha mezclado con las preocupaciones económicas que ya dominaban la campaña, especialmente por su efecto sobre el combustible.

Solo el 28% aprueba la gestión del presidente respecto a Irán, según AP-NORC, mientras Teherán prepara una respuesta más amplia en caso de que Washington reanude los ataques a gran escala. Nada de esto significa que el Senado esté ya en manos demócratas. Para conseguirlo tendrían que encadenar victorias en varios estados difíciles y evitar pérdidas propias. Pero la cuestión a estas alturas es precisamente que los republicanos se ven obligados a defender territorios que no deberían estar disputando.

FUENTE: La Razón

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