Un paso atrás: La corrupción, la desafección y el suicidio de nuestra democracia
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Becker Márquez Bautista
Es momento de dejar que la vida continúe su agitado curso. A veces, en la vida hay que dar un paso hacia atrás, reflexionar y tratar de refugiarse en el silencio para observar con mayor claridad el desastre que nos rodea.
La corrupción, el nepotismo descarado, la hipocresía, la doble moral, el rencor, el odio y la maldad están haciendo estragos en nuestro país. Viendo el panorama actual y el comportamiento de quienes nos dirigen, creo sin temor a equivocarme que nuestro sistema político tocó fondo; parece que, por ahora, no hay escapatoria frente a tanta podredumbre.
La falacia y el incumplimiento sistemático de la palabra empeñada son parte del cáncer que arrastra a los partidos políticos a una profunda crisis en nuestra sociedad. Hoy, el rechazo del ciudadano no es solo hacia los líderes políticos tradicionales que cohabitan en esas organizaciones partidarias buscando su beneficio personal, sino hacia el propio sistema. Las cúpulas han convertido los partidos en «chiringuitos» familiares, donde el mérito no vale nada y el nepotismo lo decide todo.
Quiero hacer un énfasis especial en dos palabras: corrupción y nepotismo. Si revisamos las nóminas del Gobierno central, resulta indignante ver cómo la mayoría de los altos dirigentes del partido oficialista y sus familiares están atrincherados en ellas. Si observamos el Congreso Nacional, es evidente que la mayoría de los políticos que fueron diputados y senadores han heredado esos mismos cargos a sus hijos y esposas. No nos estamos dando cuenta del abismo al que nos han empujado estos personajes que, dicho sea de paso, han acumulado riquezas a través del dispendio del erario público. Se lo reparten todo entre ellos, mientras las bases de abajo andan vueltas locas buscándoles votos y haciendo el trabajo duro. Es precisamente por este descaro que ha crecido a pasos agigantados la desafección hacia la política y las organizaciones partidarias.
¿Qué es la desafección y la abstención?
Para entender la gravedad del panorama que se avecina de cara al 2028, es vital que los ciudadanos entiendan qué nos está pasando como sociedad y cómo se llaman los fenómenos que hoy dominan el sentimiento popular:
La desafección política: No es un simple enojo; es el divorcio emocional y mental entre el ciudadano y la política. Es el sentimiento profundo de frustración y cinismo que experimenta el pueblo cuando pierde absolutamente la fe en las instituciones. El ciudadano desafecto siente que, sin importar quién gane o qué partido gobierne, los políticos son todos iguales, no lo representan y solo buscan enriquecerse a costa del Estado.
La abstención electoral: Es la consecuencia directa de esa desafección. Es la decisión física y consciente de no acudir a las urnas. Es el rechazo a participar en un proceso electoral que el ciudadano percibe como un circo amañado o una farsa donde su voto no cambiará su realidad económica ni social.
Las consecuencias futuras para la República Dominicana
Hoy vemos cómo muchos ciudadanos están totalmente desinteresados en el proceso electoral del 2028. Todo apunta a que la abstención será históricamente mayor. Pero, ¿cuáles son las consecuencias reales de esto para nuestro país?
La consecuencia más letal es la muerte lenta y segura de nuestra democracia.
Cuando la gente buena, trabajadora y honesta se harta y decide quedarse en su casa el día de las elecciones, le deja el camino libre y despejado a las minorías corruptas. Una alta abstención permite que el clientelismo triunfe, ya que las maquinarias políticas compran las elecciones movilizando únicamente a su militancia pagada, a los beneficiados por las «botellas» y a las estructuras del nepotismo.
Si el pueblo dominicano se rinde ante la desafección, los políticos sin escrúpulos tendrán un cheque en blanco para seguir saqueando la República Dominicana sin enfrentar ninguna resistencia electoral.
Dar un paso atrás hoy no significa rendirse, sino tomar perspectiva para no ser cómplice de este desastre. Yo me mantendré firme en mis principios y seguiré realizando mis aportes a la sociedad a través de mis letras. Porque aunque el sistema colapse, la verdad siempre debe salir a la luz.
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