Ya no hay seguridad ni con la familia

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Causa dolor e indignación ver cómo cada día ocurren hechos lamentables donde los niños son víctimas, y lo más desgarrador: casi siempre hay un familiar involucrado.
Es como si el mismo demonio se apoderara de personas que, por naturaleza, deberían ser sus protectores. Padres, abuelos, tíos o primos… quienes deberían cuidar, son los mismos que destruyen.
Las drogas, el alcohol, los trastornos emocionales y la descomposición de los valores están acabando con la confianza dentro del seno familiar. Hoy, no se puede confiar ni en los más cercanos.
Los menores se han convertido en presa fácil para adultos con mentes enfermas. Por eso, las autoridades deben ser más firmes y drásticas ante estos casos, y las familias deben despertar. No se puede seguir confiando por costumbre ni por apellido.
Hoy, proteger a un niño exige vigilancia, educación, prevención y cero tolerancia.
Porque cuando la familia deja de ser refugio, el niño queda totalmente indefenso.
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