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Semana Santa: reflexión, misericordia, amor que se humilla, fe y servicio

Por Emilia Santos Frias

Cada año la comunidad cristiana se une en Semana Santa, periódico que conmemora parte de la vida de Jesús: su agonía y crucifixión, es decir, los sufrimientos físicos y espirituales; sacrificio voluntario de Jesús por la salvación de la humanidad según la fe cristiana.

Asimismo, la muerte y resurrección de Jesucristo. Un periodo comprendido entre el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección o Pascua, que todo cristiano debe dedicarlo exclusivamente a realizar profunda reflexión, oración y vivir en comunión.

En ese sentido, la Semana Santa, debe vivirse más allá de la costumbre y el turismo religioso, porque Dios no es negocio, ni libertinaje. Es verdad, es luz que se manifiesta cuando lo interiorizamos y nos acercamos a él en busca de misericordia. Pero debemos permitir que gobierne nuestras vidas, desde la obediencia y oración.

Esa buena relación con el Creador, comienza con mejorar la que ya tenemos con nuestros padres y madres terrenales, desde el amor y la confianza.

Solo el Padre calma el hambre espiritual. Busquémosle desde el servicio, la disciplina, oración, fe y humildad. Así obtenemos restauración. Sin embargo, si deseamos vivirlo desde la religión, que sea para ofrecer servicio real, sin aprovecharse de las personas, sin venderle esperanza. Porque el Amor de Dios sirve y se entrega. Él no hace lo contrario a lo que se dice. En cambio, nos guía para que no tengamos una fe vacía. Para ello, primero, limpia nuestros corazones.

Pero es preciso que nos acerquemos conscientemente a Dios, que es quien llena nuestros vacíos espirituales y personales. Teniendo la iglesia la responsabilidad de ser un espacio para calmar nuestro dolor espiritual, para restaurarnos. Exhibirse y buscar riquezas no es parte de su compromiso.

La obediencia al Creador tiene como recompensa el gozo. Por eso un acuerdo de Semana Santa con el Divino, es ser más misericordiosa conmigo misma, ejercitarla paciencia, desde la obediencia, fortalecer la fe mediante la oración y esperar. Sé que él hará.

En esa tesitura, hoy, Jueves Santos, en estas líneas vuelvo a agradecer a William Arana, una voz que desde sus dosis diarias sigue transformando vidas, por recordarnos la importancia de esta época. Cómo necesitamos acercarnos a Dios, máxime cuando estamos rotos, vacíos, en busca de consuelo y misericordia. Más allá de que se aprovechen de nuestro dolor y nos ofrezcan apariencia en vez de verdad.

Al Divino no lo encontramos en lo abstracto, está en el servicio, en los valores, en la misericordia, en los actos propios del corazón, en la rendición del corazón, en lo real. Él no juega con el hambre espiritual de la gente. “Templos llenos pero corazones vacíos, mucho movimiento pero poca santidad, mucho el nombre de Dios en los labios, pero poca compasión…”.

Toda persona perdida, herida, encuentra en el Creador la vía de Salvación, mediante el amor que se humilla, la fe que sirve. Por eso, esta conmemoración nos llama a profunda reflexión: análisis al sistema que se aprovecha versus el Cristo que sirve, que se entrega. ¿Jesús vive en mi o revivo una costumbre?, ¿soy un templo limpio?…

Cristo no saca provecho del dolor humano, vino a cargarlo. Por ello, hoy al aceptarle, al recibirle y limpiar nuestro corazón, somos una nueva criatura que transita hacia la salvación, desde la misericordia y la santidad. Que esta Semana Santa podamos seguir fortaleciendo la paciencia, misericordia, fe, amor y la compasión. Amén.

Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.
santosemili@gmail.com

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