La Administración estadounidense subastará en noviembre dos áreas del Océano Pacífico cuya superficie equivale a un cuarto de todo el territorio español
La próxima fiebre del oro podría desarrollarse a miles de metros bajo el mar, lejos de las minas, las carreteras y las ciudades. No se buscarán pepitas brillantes, sino unas formaciones oscuras, del tamaño de una patata, que descansan sobre las llanuras abisales y concentran metales esenciales para la tecnología moderna. Estados Unidos ha decidido dar un paso decisivo hacia su explotación: el 19 de noviembre subastará dos concesiones que abarcan más de 31 millones de acres del fondo marino frente a Samoa Americana, en el Pacífico, según ha anunciado en en un comunicado oficial.
La superficie equivale a unos 125.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente una cuarta parte de España. Es la primera subasta estadounidense de concesiones minerales marinas de este tipo. Pero conviene precisar qué significa: ganar una concesión no permitirá empezar a extraer minerales de inmediato. El adjudicatario podrá realizar actividades preliminares, como cartografiar el lecho marino, mientras las autoridades tramitan las autorizaciones necesarias para avanzar hacia la exploración física y, eventualmente, la explotación comercial.
¿Qué hay allí abajo que justifique semejante apuesta? Los protagonistas son los nódulos polimetálicos, acumulaciones minerales que crecen lentamente alrededor de pequeños núcleos y pueden contener manganeso, níquel, cobre y cobalto, entre otros elementos. Estos materiales se utilizan en baterías, dispositivos electrónicos, equipos médicos y sistemas de defensa. También son importantes para distintas tecnologías vinculadas a la transición energética. La Administración de Donald Trump presenta el acceso a estos recursos como una cuestión de seguridad económica y nacional. Estados Unidos busca reducir su dependencia de proveedores extranjeros, especialmente de China, que ocupa una posición dominante en varias cadenas de suministro de minerales críticos. En abril de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar el desarrollo de los recursos minerales marinos estadounidenses.
La lógica industrial resulta comprensible: si necesitamos cada vez más metales, buscar nuevas fuentes parece una respuesta razonable. Sin embargo, el fondo del océano no es una despensa vacía. Es un ecosistema cuya biodiversidad y funcionamiento todavía conocemos de forma incompleta. Y extraer sus recursos no se parece a recoger piedras de una playa.
“Los minerales críticos ya no son simples materias primas; constituyen un activo estratégico vital en la competencia global, esencial para alcanzar nuestros objetivos de eficiencia energética, fortalecer nuestra defensa nacional y asegurar las cadenas de suministro internas- señala Mike Olsen, director interino de la MMA en el comunicado -. La MMA reconoce que el lecho marino que rodea a Samoa Americana posee una importancia cultural, económica y ambiental, lo que exige que la búsqueda de la seguridad nacional y la preparación energética se equilibre con una gestión ambiental rigurosa. A medida que la MMA evalúa los posibles recursos en aguas profundas, su prioridad sigue estando guiada por la ciencia, el análisis ambiental y una interacción significativa con la población y los líderes de Samoa Americana”.
Los sistemas de minería submarina utilizan maquinaria pesada para recoger los nódulos y transportarlos hacia un buque en la superficie mediante tuberías. En el proceso, los equipos remueven el sedimento y pueden levantar nubes de partículas que se desplazan más allá de la zona excavada. Los organismos que viven sobre los nódulos o en el sedimento pueden resultar destruidos, desplazados o afectados por los cambios en su entorno. Además, retirar estas formaciones supone eliminar un hábitat que ha tardado muchísimo tiempo en desarrollarse.
La duración de las consecuencias no es una mera hipótesis. Un estudio publicado en Nature examinó las huellas de una prueba minera realizada en 1979 en el Pacífico. Cuando los científicos regresaron al lugar, 44 años después, las marcas de la maquinaria seguían siendo visibles. Algunas comunidades biológicas habían comenzado a recuperarse, pero persistían alteraciones en el fondo marino y diferencias en determinados grupos de organismos. El resultado no significa que toda forma de vida desaparezca durante décadas, pero sí muestra que el ecosistema no vuelve rápidamente a su estado anterior.
La controversia es también política y cultural. Las dos áreas que Estados Unidos pretende subastar se encuentran cerca del Monumento Nacional Marino de Rose Atoll, un espacio protegido que alberga ecosistemas coralinos y especies de interés para la conservación. Organizaciones ambientales y representantes de la comunidad de Samoa Americana han expresado su oposición por los posibles efectos sobre el medio marino, la pesca, las tradiciones y los medios de vida locales.
La decisión estadounidense se inscribe, además, en una disputa internacional más amplia. En las aguas que quedan fuera de la jurisdicción de los países, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos trabaja en las normas que deberían regular la futura explotación comercial. Estados Unidos no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y defiende su propio marco jurídico para las actividades de empresas estadounidenses. El avance de esta industria plantea, por tanto, interrogantes que van más allá de una concesión concreta: quién puede explotar el océano profundo, bajo qué reglas y con qué garantías ambientales.
La pregunta ya no es solo si el fondo marino contiene minerales valiosos. Es cuánto sabemos de los lugares que queremos transformar y qué daños estamos dispuestos a asumir para obtenerlos. La minería submarina promete nuevos recursos para una economía sedienta de metales, pero también puede alterar ecosistemas cuya recuperación se mide en décadas. Antes de que las máquinas empiecen a trabajar, el mundo tendrá que decidir si la riqueza que yace en el abismo justifica el riesgo.
FUENTE: La Razón
The post EEUU da licencias para minería del fondo marino: 125000 km2 en juego appeared first on Prensa y Gente.