El mueble de Abraham

Por Miguel SOLANO
Cuando el padre lo vió nacer, brotar brillante del vientre materno, pensó que el nacido sería un Mandela de la idiologia, un Ser capaz de realizar copias de pueblos. Así que lo bautizó como Juan Pedro.
Quisqueya terminaba de convencer al mundo de que los gringos no tenían capacidad militar para humillarlos. Se inició la negociación y Juan Bosch, aceptando el máximo sacrificio, participó en las fraudulentas elecciones a cambio de que el gringo y sus asquerosas botas abandonarán el suelo patrio.
El gringo se fue, pero la CIA quedó. La CIA estructuró su programa de limpieza. Todos aquellos que fueran Inteligentes y Honestos, sin importar su ideología, serían asesinados, barridos del suelo duartiano. Y todos aquellos de sensibilidad manejable serían visados.
Cuando a Balaguer le presentaron el proyecto de limpieza aceptó el sacrificio de disfrutar ser el destinatario de Palacio sobre la base de que:
— Yo no creo que mi destino sea el de salvar vidas.
Así fue como Juan Pedro calificó para ser visado y visado fue. Tan pronto llegó a New York entró en contacto con el sicario de la CIA, quien estaba informado de su llegada. Juan Pedro recibió la mercancía y el listado de consumidores a la que debía ser entregada.
El negocio resultó ser fantástico y los bolsillos de Juan Pedro sólo olían a dólares, tanto que las mujeres se hicieron adiptas a meter las manos en ellos en busca del olor.
Juan Pedro perdió la noción de lo que ganaba y empezó a cometer el pecado, con tanta eficiencia que cocaína y dólares desaparecieron. Ya sin cocaína, ya sin dólares, ya sin suplidores, a Juan Pedro no le quedó otra opción que robar para poder adquirir la cocaína que su organismo demandaba. Sin ningún entrenamiento para el robo, inmediatamente fue atrapado y, como la CIA no tiene sentido obligatorio para informantes de esa naturaleza, Juan Pedro fue deportado, enviado de regreso a la mar que lo vió nacer.
Tocó la suerte de que su padre tiene una residencia por los alrededores donde masacraron al despiadado ladrón que los yanquis instalaron como gobernante, pero tocó la mala suerte de que su vecino resultó ser Abraham.

Juan Pedro está en la casa, necesita cocaína y no tiene dinero para pagar por el polvo blanco. Miró a la casa del vecino. Vió un mueble que le pareció valioso. Como ladrón sin entrenamiento alguno fue a la casa y cargó con el mueble. Por todo el barrio cargó con el mueble hasta llegar donde el suplidor para solicitarle que se lo recibiera a cambio de un pase. El suplidor le dijo que lo pusiera en el patio y le dió dos patadas.
Juan Pedro, creyendo en la venganza, espero a que Abraham regresará y le dijo donde estaba el mueble para que fuera a reclamarlo.
Abraham, reconociendo que no tenía capacidad para trabajar en el mundo del Jodedor, prefirió ir donde el papá del muchacho e informarle que su hijo le había robado el mueble y que se lo recuperará. El papá se mostró condescendiente y expresó sinceridad:
—Mire, ya yo estoy cansado de luchar con eso… Porque usted no me ayuda y lo mata.
— Bueno, en eso tenemos que trabajar en colaboración. Usted me lo lleva a la orilla de la Costa, ahí por la cercanía donde mataron a Trujillo, y yo le doy su empujoncito.
The post El mueble de Abraham appeared first on Prensa y Gente.



