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La Psicopatología del Poder: El PRM y la «Antidemocratimia»

Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor

Por Becker Márquez Bautista

El reciente aplazamiento en la escogencia de las nuevas autoridades del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no debe ser leído como un simple retraso burocrático o una estrategia de calendario. Visto desde el análisis sociopolítico y de la conducta humana, el comportamiento del partido oficialista refleja una profunda crisis en su salud institucional; una metamorfosis donde los principios democráticos que le dieron origen parecen haber entrado en un cuadro clínico de desajuste emocional frente al espejo del poder absoluto.

Para diagnosticar el estado actual del partido, es preciso recurrir a la psiquiatría política y evaluar los síntomas que hoy adormecen sus procesos internos:

Ciclotimia: Trastorno caracterizado por fluctuaciones abruptas del ánimo, pasando de la euforia a la depresión. En el plano partidario, el PRM sufre de ciclotimia organizativa: transita de una euforia democrática desbordante cuando celebra triunfos electorales, a una profunda apatía y parálisis cuando le toca convocar a sus bases para renovar sus cuadros directivos.

Distimia: Trastorno depresivo crónico de intensidad moderada, donde predomina el desánimo constante. El partido parece sumido en una distimia institucional, un estado de estancamiento donde la militancia de a pie vive desanimada, sintiendo que las decisiones ya no fluyen desde las bases, sino que se han congelado en las altas esferas.

Hipotimia: Disminución anormal del tono afectivo y de las respuestas emocionales. La hipotimia del PRM se evidencia en su fría respuesta ante los reclamos de democracia interna. Han anestesiado la vibrante vida partidaria que los caracterizaba, sustituyendo el debate de las ideas por el silencio conveniente del aplazamiento.

Un Concepto de Nuestra Autoría: La Antidemocratimia

Sin embargo, el síntoma más alarmante e hipócrita que se observa en este proceso no pertenece a los manuales de psicología tradicional. Ante la necesidad de ponerle nombre a esta conducta, he acuñado e introducido al debate político un nuevo concepto de mi autoría: la Antidemocratimia.

Antidemocratimia (Término creado por mí): Condición del actor político que practica un comportamiento rígidamente antidemocrático e impositivo cuando está en el gobierno, pero que se disfraza de ferviente demócrata y defensor de las bases cuando se encuentra en la acera de la oposición.

El aplazamiento de las elecciones internas del PRM es una manifestación pura de esta patología que he definido. Resulta paradójico que un partido que nació criticando el secuestro institucional de sus antiguos rivales, hoy recurra a las mismas tácticas de dilación para evitar el escrutinio de sus propios miembros. Cuando eran oposición, la convención y el voto de la militancia eran sagrados para ellos; hoy, desde las poltronas del Estado, la democracia interna se percibe como un estorbo que podría alterar el diseño del poder central.

Si bien es cierto que los estrategas políticos no recomiendan someter a un partido oficialista a procesos internos mientras ostenta el poder, no es menos cierto que postergarlos constituye una medida antidemocrática que lacera profundamente la salud institucional.

Desde mi perspectiva en Visión, Cambio y Valores, permítanme concluir con la siguiente reflexión o advertencia:

La salud de una democracia nacional depende directamente de la salud democrática de sus partidos. Un partido oficialista que posterga su renovación por temor al debate o por priorizar el pragmatismo palaciego, termina carcomiendo sus propios cimientos morales.

Las altas instancias del PRM deben estudiar con rigurosidad el artículo 216 de nuestra Constitución, el cual establece el marco legal y los principios que rigen a las organizaciones partidarias, garantizando su libre organización y exigiendo de forma taxativa que su funcionamiento se base en la democracia interna, la transparencia y el respeto al pluralismo. Asimismo, la Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos estipula con claridad que la escogencia de las autoridades debe realizarse mediante mecanismos democráticos, participativos y transparentes, prohibiendo expresamente la designación «por dedo» o arbitraria de los cargos directivos.

El PRM debe mirarse en el espejo antes de que la antidemocratimia —esta preocupante conducta que hoy diagnostico en sus filas— se vuelva una enfermedad terminal. El poder no puede ser un somnífero para los principios. La verdadera estatura de un liderazgo no se mide por cómo exige participación desde la acera de enfrente, sino por el valor y la integridad con la que ejecuta y respeta la democracia cuando le toca gobernar.

Esta reflexión debe servir de advertencia para todo el liderazgo político y para las respectivas organizaciones de la República Dominicana. Es imperativo tener cuidado con las destructivas consecuencias que puede acarrear la «Antidemocratimia» para la salud del sistema de partidos, para el futuro de la nación y, por supuesto, para el bienestar de nuestra sociedad.

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