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Más de una década, 2.4 billones de pesos y el mismo umbral: lo que PISA 2025 revela sobre la educación dominicana

«Con el 4% del PIB asignado desde 2013, República Dominicana mejora en Ciencias respecto a 2018, pero sigue estancada en Matemática, retrocede en Lectura y apenas mueve su posición frente al mundo»

Por: Valentín Ciriaco Vargas

I. Introducción

El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, conocido por sus siglas en inglés como PISA, no mide cuánto memorizan los jóvenes de quince años. Mide algo más exigente: si son capaces de usar lo que han aprendido para resolver problemas reales. Esa diferencia, que parece sutil, es el corazón del debate que este informe reabre cada tres años en decenas de países y que el pasado 8 de septiembre de 2026 volvió a colocar a República Dominicana frente a un espejo que incomoda.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, presentó ese martes el Volumen I de PISA 2025, la evaluación más amplia de su historia: 91 países y economías participantes, más de 760,000 estudiantes evaluados y una muestra que representa a cerca de 33 millones de jóvenes de quince años en el mundo. En República Dominicana participaron 7,080 estudiantes de 257 escuelas, en representación de unos 127,900 quinceañeros, aproximadamente el 68% de la población estimada de esa edad.

Ciencias fue el área principal de evaluación, acompañada de Matemática y Lectura. Por primera vez se incluyó un módulo de resolución de problemas computacionales. Los resultados de inglés como lengua extranjera y de aprendizaje autodirigido en entornos digitales se publicarán en 2027; por tanto, este análisis se limita a lo que ya está en la mesa.

Para República Dominicana, esta entrega tiene un peso particular. La mejora en Ciencias es real si se mira desde 2018, pero no si se mira desde 2022. Matemática está congelada.

Lectura volvió a caer. Y el dato más duro no es el promedio, sino el umbral mínimo: solo 26% de los estudiantes dominicanos alcanza el Nivel 2 o superior en Ciencias; 23% en Lectura; y apenas 9% en Matemática. En términos simples: la mayoría de los quinceañeros evaluados no demuestra la competencia mínima que PISA considera necesaria para participar plenamente en la vida moderna.

Años después de que la Constitución y la ley establecieran destinar el 4% del Producto Interno Bruto a la educación preuniversitaria, la pregunta que este artículo intenta responder con cifras, no con impresiones, es simple: ¿la mejora alcanza la magnitud de lo invertido?

II. Una paradoja heredada y compartida

PISA nace en 1997, impulsado por la OCDE, para responder una pregunta que hasta entonces ningún organismo internacional respondía con datos comparables: si los sistemas educativos del mundo preparan realmente a sus jóvenes para la vida adulta. La primera aplicación ocurrió en 2000 y, desde entonces, el estudio se repite en ciclos de tres años, con una excepción: el ciclo previsto para 2021 se trasladó a 2022 por la pandemia.

República Dominicana llegó tarde al ejercicio. Participó por primera vez en 2015, quince años después de que otros sistemas comenzaran a medirse bajo esta metodología. El debut fue duro: 332 puntos en Ciencias, 328 en Matemática y 358 en Lectura, con el país entre los últimos lugares del grupo participante.

Ese primer examen no llegó en un momento cualquiera. Ocurrió en el tercer año de la aplicación plena del 4% del PIB a la educación preuniversitaria, una política que se encendió en 2013 durante el gobierno de Leonel Fernández. La paradoja, por tanto, no pertenece a un solo color político. Desde 2013, todas las administraciones han administrado una misma promesa: convertir el derecho a la educación en presupuesto. PISA 2025 obliga a completar la frase: convertir presupuesto en aprendizaje.

III. Resultados: qué subió, qué se congeló y qué volvió a caer

La serie histórica, con sus cifras exactas, es la siguiente. En 2015: Ciencias 332, Matemática 328, Lectura 358. En 2018: Ciencias 336, Matemática 325, Lectura 342. En 2022: Ciencias 360, Matemática 339, Lectura 351. En 2025: Ciencias 361, Matemática 339, Lectura 346.

La lectura fina cambia la interpretación. En Ciencias hay una recuperación importante frente a 2018: de 336 a 361, y también mejora frente a 2015. Pero frente a 2022, Ciencias no avanzó; se mantuvo. En Matemática, la caída de 2015 a 2018 suele pasarse por alto: de 328 a 325. El salto vino después, de 2018 a 2022, cuando subió a 339. En 2025 se quedó exactamente ahí. En Lectura, la caída más grave ocurrió entre 2015 y 2018: de 358 a 342. Hubo repunte parcial en 2022, hasta 351, y en 2025 volvió a bajar a 346.

Por eso conviene abandonar dos lecturas simplistas. La primera es la propaganda triunfalista: “subimos en Ciencias”. Sí, pero no desde 2022. La segunda es la condena automática: “todo está peor que en 2015”. En Ciencias y Matemática el país está por encima de 2015; en Lectura, no. El problema no es una caída uniforme. El problema es un sistema que avanza en materias aisladas, se estanca en otras y no logra convertir inversión en dominio básico transversal.

La posición relativa confirma la paradoja. Aunque el puntaje absoluto en Ciencias mejora, el país sigue en el tramo bajo de la clasificación internacional. No se trata de una persecución simbólica por el primer lugar; se trata de que, tras más de una década de asignación histórica, República Dominicana sigue compitiendo por salir del fondo y no por acercarse a la media.

IV. La generación del 4% ya fue evaluada

Los estudiantes evaluados en 2025 no son un grupo cualquiera. Son una cohorte que cursó su educación formal básica bajo el régimen presupuestario inaugurado en 2013. Por eso, este ciclo de PISA tiene una validez simbólica especial: no mide una promesa recién arrancada; mide una promesa con más de una década de ejecución.

Entre 2013 y 2025, la educación preuniversitaria recibió asignaciones acumuladas por alrededor de RD2,437,909 millones, es decir, aproximadamente RD2.4 billones. La proporción del gasto es reveladora: cerca de 92% correspondió a gasto corriente —salarios, operación y materiales consumibles— y apenas alrededor de 8% a gasto de capital: infraestructura, equipamiento, laboratorios, bibliotecas, conectividad y programas de transformación. Esa estructura no es un detalle contable. Es una explicación parcial del resultado.

Un sistema puede tener más dinero y seguir produciendo los mismos aprendizajes si la mayor parte se usa para sostener el día a día y una fracción pequeña para cambiar las condiciones que producen aprendizaje. El aula dominicana no necesita únicamente más recursos. Necesita que una parte mayor de esos recursos llegue como tiempo efectivo de enseñanza, materiales reales, formación docente pertinente, tutoría temprana y seguimiento individualizado.

El tiempo perdido pesa. En el año lectivo 2024-2025, regionales educativas reportaron un promedio de 18.9 días de docencia perdidos. Los datos de PISA 2025 muestran además que alrededor de 50% de los estudiantes faltó al menos un día en las dos semanas previas a la prueba, frente a 22% en promedio OCDE; 45% faltó al menos a una clase, y 49% llegó tarde. Ninguna inversión, por elevada que sea, rinde su máximo potencial cuando el calendario se convierte en deseo y no en contrato.

También hay fortalezas relativas que deben reconocerse sin confundirlas con éxito. La equidad interna es una de ellas: 12% de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos logra entrar al cuartil superior de Ciencias, proporción equivalente al promedio OCDE. La brecha entre el 25% más favorecido y el 25% menos favorecido es de 69 puntos en Ciencias, menor que los 85 puntos del promedio OCDE. Eso significa que el origen social pesa, pero no explica todo. Hay talento y esfuerzo en los sectores pobres. El problema es que el sistema no escala ese talento hacia el mínimo universal.

V. De la asignación a la ejecución

Antes de dirigir la crítica hacia una gestión concreta, conviene recordar el punto de partida. Leonel Fernández encabezó el inicio del 4% en 2013; desde entonces, la asignación se ha sostenido políticamente como un logro histórico. Y lo es. Pero toda política pública tiene una vida en dos tiempos. El primero es conquistar el presupuesto. El segundo es hacer que el presupuesto cambie la experiencia real del estudiante.

En ese segundo tiempo, el país todavía está a tiempo de rendir cuentas.

La nota país de PISA muestra carencias concretas percibidas por directivos: 41% de los estudiantes está en escuelas donde la falta de materiales educativos dificulta la enseñanza; 43% está en escuelas con problemas de infraestructura; 33% está en escuelas con escasez percibida de personal docente. No son cifras de opinión abstracta. Son luces de alarma sobre la calidad del gasto.

La reforma pendiente no es un eslogan de campaña. Es una agenda técnica: auditar la relación entre gasto corriente y gasto de capital; publicar por regional y distrito el tiempo efectivo de docencia; garantizar materiales de lectura y matemáticas desde los primeros grados; convertir la formación docente en acompañamiento al aula, no en trámite; crear tutorías tempranas para estudiantes que llegan a tercer, sexto y octavo grado sin dominio básico; y medir no solo cobertura, sino recuperación real del aprendizaje.

La pregunta para cualquier gobierno, actual o futuro, no debe ser si se mantendrá el 4%. Debe ser qué porcentaje del gasto se convertirá en condiciones medibles de aprendizaje.

VI. Conclusión

Los datos de PISA 2025 dejan un balance que no admite lecturas simples. La inversión ha sido histórica. La mejora en Ciencias desde 2018 es real. La estabilidad en Matemática después del salto de 2022 es una señal de alerta. La nueva caída en Lectura confirma que el problema más antiguo sigue abierto.

Pero el dato que debería organizar el debate nacional no es el promedio. Es el umbral. Si solo 9% de los quinceañeros alcanza el nivel mínimo en Matemática y 23% en Lectura, el país no tiene un problema de ranking. Tiene un problema de capacidad ciudadana. Sin lectura funcional no hay autonomía. Sin matemática básica no hay razonamiento. Sin ciencias no hay comprensión del mundo.

La primera gran generación formada bajo el régimen del 4% ya pasó por PISA. Su resultado no invalida el derecho a la educación ni justifica recortar el compromiso presupuestario. Invalida la idea de que asignar es lo mismo que transformar.

La deuda histórica de Leonel Fernández y de quienes iniciaron el 4% fue convertir la educación en prioridad de Estado. La deuda pendiente de todos es convertir esa prioridad en aulas donde cada peso se traduzca en tiempo, materiales, enseñanza efectiva y aprendizaje verificable.

La próxima revisión del rumbo educativo del país debe hacerse con cifras y sin cálculo político: auditar el gasto, proteger el tiempo de clase, atacar la brecha lectora desde el primer ciclo y publicar resultados por escuela, regional y distrito.

Los estudiantes que hoy tienen quince años, y los que vendrán después, merecen una discusión menos ritual y más honesta: no solo cuánto se invierte, sino qué está comprando el país con esa inversión.

Nota:

Todos los datos, cifras y fechas citados provienen de fuentes oficiales y de cobertura periodística especializada: Volumen I de PISA 2025 de la OCDE, nota país de República Dominicana, Ministerio de Educación, Presidencia de la República, Dirección General de Presupuesto y medios dominicanos e internacionales que cubrieron la publicación del 8 de septiembre de 2026.

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