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Países bálticos en punto de mira de Putin


La propaganda del Kremlin está estableciendo un argumento histórico-jurídico que justifique la invasión

¿El neo-zar de Rusia, Vladimir Putin, escalará la guerra de Ucrania hacia los países bálticos? Esta es una de las preguntas que más quita el sueño a los líderes de la OTAN. No existe un consenso sobre la posibilidad de que el jefe del Kremlin ordene invadir parte de la Unión Europea, pero sí es un escenario de guerra que manejan los centros estratégicos y gobiernos europeos. El propio Putin nunca ha escondido sus intenciones al respecto, sobre todo utilizando la figura de Pedro el Grande -el zar expansionista que modernizó Rusia- como referencia histórica para justificar la recuperación de los territorios perdidos tras la desintegración de la Unión Soviética.

En 2022, tras visitar una exposición sobre el monarca, Putin aseguró que Pedro el Grande «no conquistaba nada, sino que estaba recuperando y fortaleciendo territorios que consideraba rusos». Un comentario que repitió, en 2023, durante una conferencia en el Club Valdái. A pesar de que este no ha reclamado explícitamente la anexión de los países bálticos sí ha hablado abiertamente de «recuperar» territorios en la zona, motivo por el que impulsa una narrativa que cuestiona la situación vital de los ruso-hablantes de Estonia, Letonia y Lituania.

Desde la invasión de Ucrania, la maquinaria propagandística del Kremlin ha ido estableciendo sus propias bases para construir un argumento histórico-jurídico que justifique la invasión de los estados bálticos, los cuales se adhirieron a la UE en 2004. Un ataque militar ruso contra cualquiera de los tres afectaría tanto al marco de defensa colectiva de la OTAN (el famoso Artículo 5) como a las obligaciones de solidaridad de la UE (Artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea). En ese caso, ¿cuál de los tres está en mayor peligro?

¿Narva o Suwalki?

La vulnerabilidad depende del escenario que se plantee. Los expertos contemplan dos: «una incursión limitada para poner a prueba a la OTAN, o una ofensiva mucho mayor destinada a aislar los países bálticos», según el Belfer Center. Estonia es el candidato más probable para un golpe limitado, sobre todo por la reclamación personal de Putin de la zona de Narva. No obstante, si el neo-zar se lanza a la confrontación bélica con una UE que cree debilitada por la falta de munición y coordinación, la respuesta es Lituania y su posición estratégica para controlar el corredor de Suwałki.

La opción de Narva, la de menos intensidad, viene reforzada por los propios comentarios de Putin. «Parece que también nos ha correspondido a nosotros recuperarla y fortalecerla», afirmó en mayo, refiriéndose al tiempo en que Pedro el Grande la conquistó, allá por el año 1704. La estrategia para reconquistarla estaría determinada por una combinación de presión política, desinformación, ciberataques, provocaciones y elementos irregulares, antes de pasar a una acción militar, seguramente tras impulsar una versión báltica del patrón que aplicó, en 2014, en el Donbás y Crimea. Es decir, algo así como «no invadimos Estonia, sino que estamos protegiendo a los rusos étnicos».

En cuanto a Letonia, el escenario es preocupante porque también es perfecto para una combinación de guerra híbrida y convencional. Al igual que su vecino, cuenta con una importante población ruso-hablante. El propio jefe de las Fuerzas Armadas letonas, el general Kaspars Pudāns, advirtió recientemente que «Rusia puede tener una ventana de oportunidad para atacar los países bálticos antes de que las reformas defensivas europeas estén plenamente desplegadas». Asimismo, hizo hincapié en «la ventaja rusa en drones adquirida en la guerra de Ucrania».

El tercer escenario, el de Lituania, es el que más pavor produce no solo por la importancia del corredor de Suwalki, sino porque también es clave para que Rusia siga controlando el territorio de Kaliningrado, cuya situación geográfica entre Lituania y Polonia podría ser utilizada para justificar una agresión militar. Este escenario sucedería con la toma del corredor y, de facto, el corte físico de la conexión terrestre entre los países bálticos y el resto de la OTAN.

Sin embargo, «la primera fase probablemente no sería una invasión clásica», según el Belfer Center, el cual plantea un escenario en cinco fases, también aplicable a Estonia y Letonia. La primera estaría determinada por «una guerra híbrida basada en los ciber-sabotajes, las campañas de desinformación para provocar protestas y provocaciones fronterizas, sobre todo con incidentes con drones». Una situación que «ya está ocurriendo en diferentes grados en el Báltico», según The Defence Horizon Journal. La segunda fase sería «una crisis fabricada» que afectase a la población ruso-hablante.

La tercera fase se basaría en la «protección» de esa población que, tal y como hizo en Crimea y el Donbás, el Kremlin aseguraría que está siendo perseguida. Cosa que justificaría la cuarta fase: «una incursión limitada». Y, así, completar el ciclo con la última, es decir, «el hecho consumado«, que pondría a prueba el Artículo 5 de la OTAN, cosa que obligaría a la UE a enfrentarse directamente con el ejército ruso, o a negociar con Moscú. En cuyo caso, Putin tendría las de ganar, como ya sucedió con el fiasco de las negociaciones entre Barack Obama y el líder ruso tras la invasión de Crimea.

FUENTE: La Razón

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