Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Cada etapa de un gobierno trae sus luces y sus sombras. Sin embargo, hay una pregunta que merece hacerse: ¿qué se siente cuando ayer señalabas, condenabas y criticabas a otros, y hoy eres tú quien tiene que responder ante los cuestionamientos?
Ese es el escenario que hoy rodea a la comunicadora Milagros Germán, quien ocupó importantes posiciones en el tren gubernamental y cuya gestión ha quedado bajo el escrutinio público tras señalamientos de presuntas irregularidades en el Ministerio de Cultura, contenidos en una auditoría de la Contraloría General de la República y reportes de fiscalización.
La situación adquiere un matiz particular cuando recordamos a la comunicadora que, desde los espacios de opinión y el humor, utilizaba canciones y parodias para cuestionar la corrupción atribuida a funcionarios de gobiernos anteriores.
Aquellas críticas que en su momento provocaban risas y aplausos hoy sirven de referencia para quienes le exigen coherencia entre lo que decía y lo que hizo durante su paso por la administración pública.
Y aquí es donde surge la gran pregunta: ¿qué se siente estar del otro lado de la crítica? ¿Qué se siente cuando las mismas herramientas que utilizabas para cuestionar a otros se vuelven contra ti?
No se trata de condenar a nadie sin que se establezcan responsabilidades. Una auditoría que señala presuntas irregularidades no equivale, por sí sola, a una condena judicial. Pero tampoco se puede exigir transparencia a los demás y pretender que la propia gestión quede fuera del escrutinio.
La política tiene una memoria incómoda: lo que ayer se dijo contra otros, mañana puede convertirse en el argumento con el que la sociedad te examine.
Milagros Germán tuvo el derecho de criticar, cuestionar y denunciar. Pero ese mismo derecho lo tiene hoy el pueblo para pedir explicaciones sobre su gestión.
Porque la coherencia no consiste en señalar los errores ajenos, sino en tener la valentía de responder cuando las preguntas tocan nuestra propia puerta.
Ayer era ella quien señalaba. Hoy le toca responder a los señalamientos.
Y cuando cambian los papeles, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué se siente condenar para luego ser condenada?
The post ¿Qué se siente condenar para luego ser condenada? appeared first on Prensa y Gente.

