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RD, El Salvador y Haití

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Por Becker Márquez Bautista

Recientemente, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ordenó el despliegue de más de 2,000 militares de las fuerzas especiales hacia Haití, tras la emboscada y el secuestro de cuatro aerotécnicos salvadoreños. Esta operación militar se ejecuta bajo la advertencia explícita del mandatario hacia las bandas criminales haitianas de rescatar a sus compatriotas «por las buenas o por las malas».

El 18 de octubre de 2026, cuatro técnicos de aviación de la Fuerza Aérea Salvadoreña fueron emboscados en la periferia de Puerto Príncipe. Regresaban de comprar víveres en un mercado cuando pandilleros locales atacaron su vehículo blindado con proyectiles y explosivos hasta incendiarlo. Aunque lograron escapar de las llamas, fueron retenidos y declarados desaparecidos. Días después, muchos de nosotros fuimos testigos de cómo uno de los líderes de las bandas se burlaba públicamente, rodeado de cubetas llenas de cápsulas para fusiles.

Ante este panorama, la República Dominicana no participa directamente con tropas en operaciones militares en territorio haitiano. Esta postura responde a principios diplomáticos, históricos y de seguridad fundamentales derivados de nuestra condición de país vecino.

Razones por las que la República Dominicana no debe enviar tropas a Haití

Falta de imparcialidad: Debido a los complejos antecedentes históricos y las tensiones recurrentes entre ambas naciones, la presencia militar directa de un país limítrofe en territorio haitiano comprometería de inmediato la neutralidad exigida a cualquier fuerza de paz.

Riesgo de escalada y conflicto: Una intervención directa de tropas dominicanas avivaría los recelos y podría desatar un conflicto bilateral de imprevisibles consecuencias, provocando una escalada regional muy difícil de controlar.

Cuestionamientos de legitimidad y credibilidad: La incursión de un vecino histórico directo generaría profunda desconfianza y dudas sobre los verdaderos motivos de la misión ante los ojos de la comunidad internacional y la propia población haitiana.

Apoyo logístico alternativo: En lugar de enviar combatientes, el gobierno dominicano —como ha señalado el canciller Víctor «Ito» Bisonó— colabora eficazmente a través de asistencia logística, facilitando el tránsito de contingentes internacionales, apoyo para evacuaciones médicas, corredores humanitarios y el paso de suministros esenciales.

Los principios de las misiones de paz de la ONU: Las operaciones respaldadas por las Naciones Unidas se rigen estrictamente por el consentimiento de las partes, la imparcialidad y la limitación en el uso de la fuerza, criterios que descartan la conveniencia de que un país fronterizo actúe como fuerza de combate.

La cooperación multinacional (GSF): La ONU y el gobierno haitiano impulsan una misión de cooperación multinacional (con la participación de países como Bangladesh, Chad, Jamaica, Guatemala, Mongolia, Sri Lanka y El Salvador) para combatir a las bandas criminales, un bloque en el cual la República Dominicana apoya desde la retaguardia logística sin integrar el componente armado.

Reflexión: Apagar las brasas del pasado y defender nuestra paz

La República Dominicana libró varias batallas históricas para lograr su independencia, y lo logró. Ahora nos toca mantener la paz, garantizar la seguridad nacional, fortalecer aún más la seguridad fronteriza y apagar las brasas del pasado construyendo un futuro mejor para cada dominicano de la zona limítrofe.

Enviar soldados dominicanos a suelo haitiano sería un grave error histórico y estratégico. Más allá de las razones tácticas o de seguridad, mandar tropas de nuestra nación a combatir en Haití equivaldría a mantener viva la llama de la discordia. Los pueblos fronterizos cargan con heridas que solo sanan a través del respeto mutuo, la diplomacia prudente y la cooperación pacífica. Convertirnos en parte beligerante de un conflicto armado interno en la vecina nación no haría más que avivar rencores seculares, alimentando nacionalismos tóxicos y enturbiando la convivencia armónica que debemos procurar como vecinos insulares.

Ante la profunda inestabilidad y los enfrentamientos en Haití, el presidente Luis Abinader ha optado acertadamente por reforzar la seguridad y el despliegue militar en la línea limítrofe para proteger con firmeza nuestra soberanía y territorio, en lugar de intervenir del lado vecino. Consideramos que esta decisión es correcta y apoyamos rotundamente que la colaboración de nuestro país se limite a la inteligencia, la diplomacia y las facilidades logísticas que podamos brindar a las tropas internacionales que operan en terreno haitiano.

Los dominicanos debemos tener algo muy claro: si tan solo hiciéramos el intento de enviar tropas o entrar al vecino país, los demás contingentes internacionales tarde o temprano se irán, pero nosotros nos quedaremos al lado con el problema y con una guerra permanente. En este momento se requiere unidad nacional entre todos los dominicanos y dominicanas, sin importar partido, religión o estrato social; se requiere tener la cabeza muy fría y los pies de plomo para no caer en provocaciones. Lo que la comunidad internacional tiene que saber con absoluta claridad es que el problema de Haití no está en la República Dominicana y, por ende, tampoco su solución.

Debemos tener presente que el verdadero liderazgo de la República Dominicana no debe medirse por su capacidad de entrar en guerra, sino por su firmeza en proteger sus fronteras mientras promueve la cordura, el respeto a la soberanía y la paz regional, recordando siempre que el camino hacia la verdadera libertad se forja mediante la educación, el esfuerzo constante y la integridad, sostenida por la lealtad a nuestros principios éticos y morales.

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